Ebro

Ebro

 
Río de la vertiente mediterránea, el más caudaloso de la península Ibérica. Nace en Fontibre, Cantabria, riega La Rioja, Logroño y Tudela y penetra en Aragón formando numerosos meandros. Desemboca en el Mediterráneo, en Tortosa, formando un importante delta, en donde se halla la isla de Buda. Sus primeros afluentes proceden de las montañas vasconavarras (Zadorra, Ega); a continuación y por la izquierda recibe el Aragón, el Gállego y el Segre. Por la derecha recoge los ríos Jalón, Huerva, Guadalope y Matarraña. Embalse del Ebro, en su cabecera, y los de Mequinenza y Ribarroja, en su curso bajo; 910 km.
Traducciones

Ebro

Ebro

Ebro

SMEbro
Ejemplos ?
Sopena; por Pina de Ebro, José Abós; por Calanda, Tomás Artigas; por Muniesa, Joaquín Temprano; por el Consejo Comarcal de Muniesa, Liberto Aguilar.
ZARAGOZA: Alagón, Alcalá de Ebro...
Se fue el pájaro, y se quedó con las plumas. La vanagloria florece, más no engrandece. Ebro traidor, naces en Castilla y riegas a Aragón.
Fernández; por Montoro, Julio Ayora; por Alforque, R. Castro; por Gudar, R. Mayo; por Pina de Ebro, E. Aguilar; por Ballobar, M. Miró.
olía escribir con su dedo grande en el aire: «¡Viban los compañeros! Pedro Rojas», de Miranda de Ebro, padre y hombre, marido y hombre, ferroviario y hombre, padre y más hombre.
De este segundo en religión Casino sus pasos votan al Pilar sagrado; ufana al recebillos se alboroza (mirándose en el Ebro) Zaragoza.
Figuráoslo (y digo figuráoslo porque ya se ha hundido medio edificado y medio tallado en una roca que lamían de una parte las ondas del río Ebro, y que se reclinaba por la otra sobre una montaña..., que allá seguía remontándose a las nubes.
De todas maneras, sea ó no apócrifo el diploma que consigna las cuantiosas donaciones del conde Alfonso y la condesa Justa; haya ó no existido la causa prodigiosa que impulsó al magnate cántabro á otorgarlas; téngase ó no por probado que el conde y su mujer fundasen la iglesia de Santa María de Lebeña, es lo cierto, y esto basta para dar interés histórico á la basílica objeto de nuestro informe, que su fundación arranca de los comienzos del siglo X, de aquella grande época, asaz desconocida y calumniada por los críticos superficiales, en que tánto florecieron los estudios eclesiásticos, en que tánto fruto produjeron los insignes monasterios benedictinos de la región septentrional de España desde el Océano al Ebro...
Parece que en este momento deberia tener ideas muy vivas, y parecerse á la cabeza de Orfeo, que todavía componia la música y cantaba á Euridice cuando la echaban en las aguas del Ebro.
Llamas, dolores, guerras, muertes, assolamiento, fieros males entre tus brazos cierras; trabajos inmortales a ti y a tus vassallos naturales: »a los que en Constantina rompen el fértil suelo, a los que baña el Ebro, a la vezina Sansueña, a Lusitaña, a toda la espaciosa y triste España.
No quisiera herir en manera alguna la susceptibilidad del espíritu patrio de las lindas hijas del Pisuerga y del Ebro que a la sazón se encuentran con nosotros; pero creo ingenuamente que figuras tales necesitan más un fondo tan poético como el que ahora ocupan, que el árido y marchito sobre que nacieron.
Nosotros perdimos la guerra en la batalla del Ebro -me dijo-; cuando los invasores y su aliado Franco separaron Cataluña de Valencia y del Centro, prácticamente nos habían derrotado.