Dueñas

Dueñas

 
Mun. de la prov. española de Palencia; 2 966 h.
Ejemplos ?
Libres y por consiguiente dueñas de su destino eran ahora pues todas las Provincias: ¿y cómo no alentar entonces la discreta esperanza de que si no la totalidad, la mayoría de ellas adhiriese en el futuro Congreso General, a los planes de organización nacional federativa que postularía el bloque de los “ Pueblos Libres ”?
El torrente de luz que se desprendía de los altares para llenar sus ámbitos chispeaba en los ricos joyeles de las damas, que arrodillándose sobre los cojines de terciopelo que tendían los pajes y tomando el libro de oraciones de manos de sus dueñas, vinieron a formar un brillante circulo alrededor de la verja del presbiterio.
Tenía una matrona allí empleada con gran dolor y gran desasosiego; y gran corte de dueñas y doncellas, de toda arte y edad, feas y bellas.
LA DAMA Hasta Dueñas, venid, si os acomoda, en nuestra compañía, y diligencia para que os lleven a Palencia haremos de la mejor manera que encontremos.
Las tabernas estaban casi solitarias, y sus dueñas o dueños colocaban en orden sobre los limpísimos mostradores la reluciente cristalería; regaban el suelo y colocaban a la vista del transeúnte algunas macetas que daban a los establecimientos sumidos en húmedas penumbras aspecto de oasis y de refrigerantes refugios en las horas en que el sol parece querer hacerlo todo yesca bajo sus implacables rayos.
Los portentos de la maga. Hace miles de años hubo un reino de la magia donde las damas que lo habitaban eran dueñas de todos los misterios del mundo.
Cerró don Lope los ojos, Y tomadas sus secretas Medidas, abrió sus arcas A la danzante hechicera, Cruzáronse para el caso Dos virtuosísimas dueñas, Corredoras de placeres Y lebreles de monedas.
El régimen social en la RPDC está centrado en el hombre: las masas populares trabajadoras son dueñas y está a su servicio todo lo que existe en la sociedad.
Y yo quedé con el deseo de llegar al fin deste suceso: ejemplo y espejo de lo poco que hay que fiar de llaves, tornos y paredes cuando queda la voluntad libre; y de lo menos que hay que confiar de verdes y pocos años, si les andan al oído exhortaciones destas dueñas de monjil negro y tendido, y tocas blancas y luengas.
El álbum tiene una virtud singular, por la cual deben apresurarse a hacerse con él todas las elegantes que no lo tengan, si hay alguna a la sazón en Madrid; hemos reparado que todas las dueñas de álbum son hermosas, graciosas, de gran virtud y talento y amabilísimas; así consta a lo menos de todos estos libros en blanco, conforme van tomando color.
La desgracia -opinó Lucio Dueñas, muy aficionado a sostener paradojas- no consiste en nada grande ni terrible: los días peores de la vida son a veces aquellos en que, sin sucedernos cosa importante, nos abruman mil chinchorrerías.
Casó la condesa con un mozo joven y rico, noble y elegante, y la marquesa lo hizo al propio tiempo con otro que no le iba en zaga; dueñas de sus casas, hermosas y avarientas de goces, trocóse en odio la rivalidad que antes las dividiera; y la una por tener mejores trajes que la otra, la otra por dar más fastuosos bailes que la una, las dos, en fin, por ser reinas de la moda en la corte y fuera de la corte, gastaban sus rentas y empeñaban sus capitales con gran contentamiento de sus cónyuges que, rivales también, procedían sobre poco más o menos, lo mismo.