Ejemplos ?
El amor toca con su envenenada flecha el corazón de Dido, y arde en llamas impuras, y se consume en los incendios de una combustión espontánea.
Como ya por Eneas la triste Dido, Todos dirán que fuiste ciego, insano, Siendo el pastor mas sabio y entendido De toda esta ribera y verde llano; De las hermosas Ninfas tan amado.
Fuera al cobijo de la choza o fuera, tenía día y noche al mozo al lado, siempre, mañana y tarde, una ribera buscando iba, o algún bello prado; su techo al mediodía cueva era, quizás de no menor cómodo agrado que aquella en que, al huir la lluvia, Dido dio a Eneas pruebas de su amor rendido.
Yo entendí que era la reina Dido que andaba tras el pío Eneas, por el perro muerto, a la sacapela, cuando oigo decir «Allá_va_Marta_con_sus_pollos».
Monteagudo fué asesinado el 28 de Enero: la entrevista de Bolívar con el asesino se efectuó entre el 3 de Enero y 10 de Febrero: hasta el 8 ó 10 concurrió él ministro á sus labores y estuvo despachando con Bolívar, sin que éste se diera por enten- dido con él de lo que ya sabía; el 25 de Febrero estaba ya Sánchez-Carrión imposibilitado por el veneno y elevaba su re- nuncia, el 26, el envenenador, en su carácter de secretario de Bolívar, suscribía un lacónico oficio eií nombre de S.
Todos confesaban haber leido los endiablados versos, y aun algunos los sabian de memoria. Varios declarabaii haber sacado copi'a de el los; pero que esta se les habia per- dido 6 traspapelado.
Filis hubiese vivido a ser yo su maestro, y si descendió nueve veces a orillas del mar, hubiera vuelto otras tantas, o más todavía; Dido, a punto de morir, no habría visto desde la alto de su palacio cómo la flota de los troyanos daba las velas al viento, ni la desesperación hubiese armado contra el fruto de sus entrañas a la madre cruel que se vengó de su esposo en la sangre de los comunes hijos.
Testigos serán Fedra, File y Dido, y serálo también Enón hermosa, con Ariadna, Hipsífile y Medea, cuya verdad es justo que se crea.
O te excusan ellos mismos con el ofen­dido o tú aplicas a lo ocurrido algún chistoso cuento esó­pico o sibarítico de los que has oído en la mesa: la cosa se toma a risa y no pasa adelante.
A cuyo asunto hice este soneto: ::Toma tu acero cortador, no seas ::causa de algún exceso inadvertido, ::que puede ser, Salicio, que sea Dido, ::si por mi mal quisieses ser Eneas.
Mucho antes que los criollos, hubo quien supo de un cuero sacar lonjas bien cortadas, pues cuentan que la reina de Tiro, Dido, al llegar, fugitiva, en las costas africanas, después de conseguir de los habitantes la concesión -según su pedido- de la tierra que podría encerrar en un cuero de vaca, cortó el cuero en lonjitas largas y delgadas, abarcando así una extensión de terreno tal que pudo, en ella, fundar la ciudad de Cartago, y tarde vieron los incautos africanos que se habían pisado la huasca.
Pero más significativos son estos versos sobre una colmena en el tronco de un árbol, del cual dice Góngora que era alcázar de aquélla (la abeja) que sin corona vuela y sin espada, susurrante amazona, Dido alada, de ejército más casto, de más bella República, ceñida, en vez de muros, de cortezas; en esta, pues, Cartago, reina la abeja, oro brillando vago, o el jugo bebe de los aires puros, o el sudor de los cielos, cuando liba de las mudas estrellas la saliva.