Díez

Díez

 
Nombre patronímico anticuado equivalente a Diago o Diego.
Ejemplos ?
A los quince días ya estuvo; pero mi amigo le había pedido una noticia del apellido Díez, y él había entendido Díaz, y la noticia no servía.
Muerto el conde-académico sin sucesión legítima, legó el condado a su primo el limeño don Manuel Díez de Requejo, criollo a las derechas, parrandista, jugador y mujeriego; en una palabra, mozo cunda, cumbianguero y de mucha cuerda.
Danielou sólo en el origen encuentra la aproximación: “Yo quisiera mostrar que esta es la expresión de un enlace entre el campo de las naciones y el de los ángeles”, y agrega: “La doctrina de una repartición de las naciones entre los príncipes celestes y una correspondencia entre cada nación y su príncipe es común a toda la antigüedad tanto griega como judía y cristiana.” Y Luis Díez del Corral De historia y política, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1956, p.
A las dos de la tarde, el juez de la cancha, que lo era el regidor del Cabildo marqués de Corpa, tocó la campanilla, y don Manuel Díez de Requejo se presentó en el circo con un cazilí, jamón y de mucha cuartilla.
Gracián Díez Merino, del hábito de Alcántara, caballero moral y religioso, que se desvivía para castigar todo escándalo y que, obedeciendo instrucciones que le comunicaran de Lima, consiguió que la población estuviera más tranquila que claustro de cartujos.
Cinco parejas más salieron al circo, y cinco veces más los gallos de Castañeda de los Lamos besaron a su madre, digo, besaron la tierra, con gran palmoteo del pueblo, que simpatizaba poco o nada con el círculo de la nobleza. = Don Manuel Díez de Requejo y Castañeda estaba como para volarse la tapa de los sesos.
Gracián Díez Merino, después de practicar escrupuloso registro en la casa, que era pequeña, tuvo que retirarse pidiendo mil perdones a doña Valdetrudes por su importuna visita.
VII.- Los datos que sobre la Biblioteca universitaria publica a continuación el señor Díez Lozano en su nota, forman el más bochornoso contraste con las esperanzas que todo lo anterior suscita, y sólo admite comparación con el de los demás servicios análogos en otros centros; digna señal, todo ello, de la indiferencia, casi constante, de los gobiernos por la educación y la cultura, en cuya reforma rara vez pone mano sino a tontas y a locas, o sólo en pequeñeces, que inflan aparatosos, o como los Reyes Católicos en la de los abusos de su tiempo: cuando les viene bien a sus intereses de partido, si es que no a otros aun más personales e inferiores.
Mario Adet Zamora Adolfo Kreidler Rivero Rómulo Barros Parada Mario Diamond Luís Quintanilla Mario Ayala Marcelo Vaca Díez Mario Melgar Heberto Castedo Lladó Carlos Terceros Banzer Edgar Rivero Ribera Randolfo Lladó C.
Mandó el Teniente al Maese de Campo que en aquel cuartel e las azoteas dél pusiese vela e guarda bastante, para que los indios e gente no saliese de allí, para que el otro se pusiese a sacarlos, para que entendiesen no se les hacía ni queríamos hacerles ningún mal ni daño; y así el dicho Maese de Campo mandó al capitán Alonso Xaimez se percibiese para la dicha vela e guarda, como lo mandaba el dicho Teniente, y tuviese consigo para el efeto gentes bastantes, la que a él le pareciese; y así llevó consigo a Joan de Estrada, Joan Rodríguez Nieto, Joan de Contreras, Francisco de Mancha, Diego Díez de Berlanga...
Artículo 10.° El capitán general don Baldomero Espartero hará presente al Gobierno para que éste lo haga a las Cortes, la consideración que se merecen las viudas y huérfanos de los que han muerto en la presente guerra, correspondiente a los cuerpos a quienes comprende este convenio -Espartero -Iturbe -Cuevillas -Francisco Fulgosio- Cabañero -Díez Mogrovejo -Lasala -José Fulgosio -Eguía -Selgas -López Cabañas -Lagartu.
Sabido es que el de Cañete, apenas llegó al Perú, probó que era hombre bragado y de sangre en el ojo, pues bastole el simple informe de que los conquistadores Piedrahita y Díaz el Membrudo estaban siempre así listos para un fregado como para un barrido, esto es, con ánimo dispuesto al barullo, para que, sin más averiguarlo, exclamase su excelencia: -¡Voto a los pelos del diablo! ¿Esas tenemos, señor Alonso Díez?