Canterbury

Canterbury

 
C. de Gran Bretaña, en el condado de Kent; 33 157 h. Sede del arzobispo primado de la Iglesia anglicana.
hist. La invasión romana del 43 convirtió el asentamiento prerromano allí ubicado en la ciudad amurallada del Durovernum. Sede de Ethelberto, rey de Kent (s. VI), recibió la evangelización de san Agustín y la fundación de su abadía y catedral.

Canterbury

 
Área estadística de Nueva Zelanda, en la Isla del Sur; 43 371 km2 y 422 000 h. Cap. Christchurch.
Traducciones

Canterbury

Canterbury
Ejemplos ?
Este era mi único motivo de ansiedad, y me sentí completamente dichoso al oírle hablar de ello. -¿Te gustaría ir a la escuela en Canterbury?
Había ido a las oficinas de la diligencia para decirle adiós, y me encontré con que también él se volvía a Canterbury en la misma diligencia que ella.
¿Aquellas ventas, aquellos préstamos y aquellas comidas que eran su consecuencia? Quizá alguno de mis compañeros me había visto atravesar Canterbury, cansado y andrajoso, y quizá me reconocería.
¿Quién es ese muchacho? Es el terror de la juventud de Canterbury. Corren rumores de que la médula de buey con que unge sus cabellos le da una fuerza sobrenatural, y que podría luchar contra un hombre.
«Edwindo y Morcaro, duques de Mercia y Northumbría, se pusieron a su favor, e incluso Stigandio, el patriótico arzobispo de Canterbury, lo encontró conveniente...» - ¿Encontró qué?
Al principio de mi ingreso a la escuela, miss Betsey fue en varias ocasiones a Canterbury a verme, siempre a las horas más intempestivas, con la idea, supongo, de sorprenderme en falta.
Desde entonces su recuerdo está siempre asociado en mi imaginación con el de la calle ancha de Canterbury, que parecía dormitar bajo los rayos del sol, y con el espectáculo de las casas antiguas, de la catedral y de los cuervos que volaban por sus torres.
Encontré todo en un estado muy satisfactorio y pude halagar la pasión de mi tía contándole que su inquilino había heredado sus antipatías y hacía una guerra encarnizada a los asnos. Pasé una noche en Dover para arreglar algunos asuntillos, y al día siguiente muy temprano me dirigí a Canterbury.
Al decir esto nos dejó, enviándonos besos con su gran mano de esqueleto y con una sonrisa de sátiro. Todavía continuamos una hora o dos charlando de los buenos tiempos de Canterbury.
Hemos ordenado asimismo cursar cartas patentes para los barones en testimonio de la presente garantía y de las concesiones indicadas anteriormente, con los sellos de Esteban, arzobispo de Canterbury; Enrique, arzobispo de Dublin, los demás obispos arriba mencionados y el Maestro Pandolfo.
Estábamos en invierno; el tiempo fresco y el viento fuerte reanimaron un poco mi espíritu. Erraba lentamente a través de las antiguas calles de Canterbury con una alegría tranquila, que me serenaba el corazón.
En fin, me parecía que aquella administración del Tribunal de Prerrogativas del distrito de Canterbury era una máquina tan podrida y un absurdo tan peligroso, que si no se le hubiera metido en un rincón del cementerio de Saint Paul (que no conoce apenas nadie), toda aquella organización hubiera tenido que cambiarse de arriba abajo desde hacía mucho tiempo.