Ejemplos ?
Sopesan lo que vale un ataúd mientras compran cachemira para sus mujeres, subiendo la escalera del teatro, queriendo ir a la Comedia o deseando un coche.
Aquel moro que promete con altivez mahometana en su oculto gabinete dar a una esquiva cristiana, riquísimos terciopelos y perfumes orientales, de Grecia cautiva velos y de Cachemira chales...
¿Qué sería escuchar aquella sortija de diamantes, inseparable compañera de los hermosos dedos de marfil de su hermoso dueño? ¡Qué diálogo pudiera trabar aquella rica capa de chinchilla con aquel chal de cachemira!
En Yamu y Cachemira y los estados nordestes de la India continuó la violencia y las fuerzas de seguridad cometieron abusos con impunidad, inclusive homicidios de efectivos de las fuerzas armadas y de civiles.
Y la casa de los hindús de antes era como las pagodas de Lahore o las de Cachemira, con los techos y balcones muy adornados y con muchas vueltas, y a la entrada la escalinata sin baranda.
Leila es bella si ríe y si suspira: Es la flor de los Alpes que ama el frío, Mariposa fugaz de Cachemira, Gloria del sol, amada del rocío.
Una levita de viaje medio abrochada le dibujaba el talle y dejaba ver un chaleco de cachemira, bajo el cual llevaba un segundo chaleco, blanco.
Siguiendo la acera que bordea cada calle de Pompeya, y proporciona a los ingleses la comodidad de tal invención, Octavien se encontró frente a frente con un apuesto joven, aproximadamente de su edad, vestido con una túnica de color azafrán, y cubierto con un manto de fina lana blanca, suave como la cachemira.
Y tú mi sultana eres; Que desiertos mis salones están, mi harén sin mujeres, Mis oídos sin canciones. Yo te daré terciopelos Y perfumes orientales, De Grecia te traeré velos, Y de Cachemira chales.
II Seis años tienes de termino para reedificar la pagoda que llenara al mundo de admiración, y alrededor de cuyas altísimas torres se agrupan las nubes y estallaran las tempestades como en las crestas de las montañas. Sedas hay en Cachemira; oro, en Siam; cedros, en Katay; elefantes en Lahorre, y perlas, en el golfo de Ormuz.
Mientras Gabriel atisba detrás de los maderos el cuarto de su vecina, aparece de pronto en él una graciosa figura. Es una jovencita de catorce a quince años, vestida con un modesto y elegante traje de cachemira negra.
Ya se figuraba ver escribiéndolos a un elegantísimo y joven brahman, no lejos de su magnífica quinta, bajo verde enramada, en las fértiles orillas del Kausikí, ya que los componía en su propio alcázar el príncipe heredero de Ayosia, de Cachemira o de cualquiera otro de los reinos y países que describen las antiguas epopeyas.