Ayacucho

Ayacucho

 
Departamento de Perú; 44 181 km2 y 562 100 h. Cap., la c. homónima (97 400 h). Está dividido por la Cordillera de los Andes y posee una gran riqueza agrícola y minera.
Ejemplos ?
El coronel 0 Connor fué ascendido á general de brigada del Perú por el presidente Oibegoso, once años después de la batalla de Ayacucho, en recompensa á su comportamiento en la acción de Socabaj'a; otro combate en que, de paso sea dicho, no se debió el triunfo según el autor de las Memorias, á la dirección de Santa Cruz, sino á la iniciativa y serenidad de O'Connor, que en las postri- merías de su existencia, adoleció la neurosis de creerse el Deus ex mnchina que manejara á los prohombres y á los aconteci- mientos.
José de San Martín y de los valientes generales, jefes, oficiales, y empleados, que le acompañaron en la expedición que vino en 1820; II.- Que tan eminentes servicios no pueden relegarse al olvido por la nación peruana que se gloria de ser tan justa como agradecida; III.- Que el Congreso Constituyente por ley del 12 de febrero de 1825, declaro peruanos de nacimiento a todos los individuos que hicieron la campaña desde el 6 de febrero de 1824 hasta el día de la victoria de Ayacucho, sin comprender a los fundadores de la independencia, acreedores a igual consideración y usando de las facultades extraordinarias de que me hallo investido, Decreto: Art.
Embestid a esa turba feroz. Recordad del Araure los campos, que el valor colombiano ilustró; a Junín, Boyacá y Ayacucho, monumentos eternos de honor.
Proclamamos, por ello, que la batalla de Ayacucho constituye el símbolo de la unidad de los pueblos latinoamericanos en su lucha por la liberación y que la celebración de su sesquicentenario es motivo propicio para destacar que la unión de América Latina demanda el permanente y continuado esfuerzo para la realización plena de los ideales de libertad, justicia, soberanía, igualdad y solidaridad.
A MOxNJITA DE AYACUCHO No sé por qué haya de ser causa de escándalo el que una monja rompa la clausura y votos (impuestos ó aceptados es- pontáneamente) contra las inmutables leyes de la naturaleza, á la que mal pueden contrariar las flacas criaturas terrestres.
Abusaríamos de la generosa hospitalidad acordada á es- tos renglones, si nos ocupásemos de la parte narrativa. El cuadro de las i)atallas de Junín y de Ayacucho es verdade- ramente pintoresco, y ni aun los episodios han sido olvidados.
Aníbal Galindo, en su prc- cioso libro Batallas de la libertad compulsa, con hábil y severo criterio, los documentos y juicios históricos, haciendo resur- gir de los campos de Junín y de Ayacucho un nimbo de gloria para Sucre.
El día de Ayacucho no fué más que el día de la expiación para el militarismo, ambicioso y corruptor, que sembró en el Perú semilla cuyo fruto estamos cosechando todavía, en nuestros tiempos de república.
Mando a mis Albaceas que la espada que me regaló el Gran Mariscal de Ayacucho, se devuelva a su viuda para que la conserve, como una prueba del amor que siempre he profesado al espresado Gran Mariscal.
Maroto después de la capitulación de Ayacucho, en que no estuvo porque se encontraba en Puno como jefe superior de ese territorio, se embarcó con su familia en la Ernestina fragata francesa en la que también se dirigía á Europa el virrey La Serna con muchos jefes y oficiales realistas.
Por los años de 1848 á 1849, siendo obispo de Ayacucho el ilustrísimo señor Ofelán y prefecto el general don Isidro Frisauctío, hubo una mañana gran conmoción en la ciudad, y no por motivo de política.
El coliseo permaneció cerrado hasta pocos meses después de la batalla de Ayacucho, en que los colombianos, que eran tan aficionados como los limeños á la lucha de animales de pluma, pasaron por encima de la prohibición.