Ejemplos ?
RESPUESTA DEL PRESIDENTE, DON ANACLETO MONTT Señor: Animados del vivo deseo de ser en algo útiles a nuestra patria, nos reunimos para poner todo nuestro conato en conseguirlo.
– a ruego del Cabo Agustín Briceño, - Juan Felipe Gutiérrez – por mí y el Cabo Primero Laureano Montes, Felipe Medina – Por mí y el Cabo Timoteo Acosta, Manuel Sobenes- José de la Encarnación Fernández – Por mí y el Pedáneo Casimiro Ortega, Deciderio Dinarte, - Bivencio García – Por el Pedáneo Sevatián Gomes, Toribio Viales – José Felipe Gutiérrez – José Anacleto Zúñiga – Por el pedáneo Gabriel Mojón, Toribio Toruño.
Un día era la manada de su vecino y compadre don Anacleto que, en un descuido, venía a aprovechar el agua de las bebederas de su jagüel; otro, eran las lecheras de un puestero de «La María» que llegaban hasta la quinta de la estancia y se le metían en el maizal.
Tienen hijos de todas edades, desde el hombrecito cuyos labios empiezan a criar vello, hasta la criatura cuyo pudor no exige todavía más que una camisita, y que se siguen de año en año, con una regularidad de majada estacionada. Sólo los más chicos son hijos de don Anacleto; los mayores lo son de su antecesor, pues doña Baldomera ha sido...
A don Anacleto, astuto y pobre como era, no se le podían escapar las grandes ventajas que le podía atraer el tener para compadres, gente de mayor fortuna que él, lo que no era muy difícil, por cierto, y lo que supo conseguirá fuerza de hábiles zalamerías.
Y doña Baldomera, cuando se juntó con don Anacleto, sólo trajo a la comunidad algunas lecheritas, un lote de gallinas y otro de entenados; y también algo como un embrión de esas cualidades caseras que de toda mujer hacen, y de la misma paisana criolla, podrían hacer, cultivadas, el alma del hogar.
Pidió otra copa, a pesar de la discreta exhortación del hijo, que le aseguraba que su mamá los esperaba para comer; y empezó a explicar, sin que nadie lo hubiera provocado, y a repetir con insistencia tenaz y cargosa: «Que él no tenía miedo a nadie, y que quien lo buscaba lo encontraba, y que a nadie le sabía mezquinar el cuerpo; que bien sabía que hay hombres que lo quieren embromar a uno, y ponerlo en compromisos, pero que él era pobre y honrado y no se dejaba pisar, y que todavía sabría enseñarles, a esos compadritos lampiños, que el viejo Anacleto era capaz de ponerlos a raya...
-«Mire, don Anacleto; ¿por qué no se retira? Mejor que se vaya para su casa, hombre, a dormir. ¡Mañana será otro día!» decía, con tono persuasivo, don Juan Antonio a un gaucho algo entrado en años y bastante mamado, que empezaba a meter bulla.
Papa Anacleto, papa Euaristo, papa Alexandro, papa Xesto, papa Thilésphoro, criego; papa Ygenio, papa Pío, papa Anicitocito, papa Soter, campano; papa Eleuterio, papa Uítor, áfrico.
Un cuero de consumo que, en casa de don Antonio, parece dorado y varnizado, por haber sido oreado a la sombra y entrado, o sólo dado vuelta, cuando llueve, apenas se conoce de un cuero de epidemia, en lo de Anacleto.
-«Ya empieza esa mañera del demonio, rezongó don Anacleto, como todos los años, cuando el maíz está por florecer; no me va a dejar una espiga para el parejero.
FLORENCIO ESTRADA, Presidente, Diputado por el Departamento de Comayagua. ANACLETO MADRID, Vicepresidente, Diputado por el Departamento de Gracias.