Agamenón

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Agamenón (Agamémnon)

 
mit. Rey de Micenas y Argos que según la mitología dirigió el asedio y la toma de Troya.
Traducciones

Agamenón

SMAgamemnon
Ejemplos ?
En la historia antigua no se ve un solo ejemplo de un duelo. Agamenón injuria a Aquiles, y Aquiles se encierra en su tienda, pero no le pide satisfacción.
No obstante, gimo, naturalmente, por el destino de mi hermana Clitemnestra, á quien no he visto desde que empecé á navegar para Ilios en pos de un destino enviado por la cólera divina; y privada de ella, gimo ante vuestras calamidades. ELECTRA Helena, ¿qué voy a decirte a ti, que con tus propios ojos estás viendo las calamidades de la raza de Agamenón?
Al fondo, la llanura de la Argólide. Amanece.) PEDAGOGO: ¡Oh, hijo de Agamenón, del jefe del ejército ante Troya! Ahora te es permitido ver lo que siempre has deseado.
Tras esto pareciole oportuno tomar fiera venganza del cardenal, que aún yacía bajo el lecho, vacilando entre el miedo de sofocarse y el de perder su plaza en la compañía de Provenzalli, donde representaba papeles serios, tal como el de Agamenón, cuyo nombre le había quedado, el de Néstor, el de Ulises, el de viejo pastor en las comedias bucólicas y otros parecidos.
Aqueos, si alguien de vosotros vitupera mi resolución, sabrá lo que vale el cetro empuñado por mi mano vigorosa; pues si siendo yo el rey no consigo que Briseida participe de mi lecho, habré de dar licencia a Tersites para que me suplante en el reino.» Así dijo, recibió a esta joven en compensación de la primera, y olvidó la antigua cuita en sus brazos amorosos; del mismo modo, imitando a Agamenón, abrásate en dos llamas a la vez, y que tu pecho se divida entre dos mujeres.
¡Oh rápidas, aladas, furiosas Diosas que, con lágrimas y gemidos, no celebráis fiestas semejantes a los Tiasos, negras Euménides que voláis por el anchuroso Eter, expiadoras de la sangre, vengadoras del asesinato! ¡os suplico, os suplico que dejéis al hijo de Agamenón olvidar su rabia insensata y furiosa!
por un lado, vuelvo á verte con júbilo al retornar de Troya; y por otro, gimo á tu vista, pues jamás en el mundo entero he visto otra morada envuelta en más lamentables calamidades. Porque me he enterado del destino de Agamenón y de la muerte que dióle su mujer al acercarse al promontorio maleano.
Acostáronse en la blanda pluma los amantes, y fue en vano el crujir de dientes del cardenal, como vanas fueron las súplicas de la compasiva esposa, que temblaba temiendo ver concluida a cada instante la paciencia del pacientísimo Agamenón.
Después de arribar á la tierra de Nauplia, estando ya aquí mi mujer, cuando yo esperaba rodear con mis caros brazos a Orestes, hijo de Agamenón, y á su madre, ambos dichosos, por un pescador he sabido el asesinato impío de la Tindareana.
De buena gana acusaría a Homero no sólo de no haber modificado este proverbio, sino de haberse burlado de él, cuando después de habernos mostrado a Agamenón como un gran guerrero y a Menelao como un combatiente de poco empuje, le hace ir al festín de Agamenón sin estar invitado, es decir, un inferior a la mesa de un superior que está por encima de él.
Y si no, dime, Materno -aunque no sea gustoso a tus oídos esto mismo que digo, y adelante diré-, ¿de qué sirve el que Agamenón o Jasón hablen elocuentemente en sus tragedias?
Y Menelao se casó con Helena, aborrecida de los Dioses; y el rey Agamenón, celebrando un matrimonio célebre entre los helenos, se casó con Clitemnestra, de quien han nacido tres vírgenes, Crisotemis, Ifigenia y yo, Electra, y un varón, Orestes, hijos de una madre muy malvada que, tras de envolver á su marido en una red inextricable, le mató.