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quím. Símbolo químico del oro.
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Ejemplos ?
Al anochecer de una tarde oscura y tormentosa en el otoño de 18..., me hallaba en París, gozando de la doble voluptuosidad de la meditación y de una pipa de espuma de mar, en compañía de mi amigo C. Auguste Dupin, en un pequeño cuarto detrás de su biblioteca, au troisième, No.
Disposiciones extemporáneas para el momento de guerra de 1825, dado que ni era posible saber todavía si alcanzaría a restaurarse la patria cuyo destino se jugaba entre la vida y la muerte en los campos de batalla alejados del fárrago burocrático y de las antesalas de la Junta de Representantes: remansos de paz acogedores y propicios para aquellos hombres que sabían ubicarse “au dessus de la melée” y discurrir sin término acerca de los “horrores” de la época de Artigas… Los peligros del caudillismo… La grandeza y decadencia de Roma… El gobierno ateniense de los treinta… ...
—Il y a à parier —replicó Dupin, citando a Chamfort—, que toute idée publique, toute convention reçue, est une sottise, car elle a convenue au plus grand nombre.
El 22, el duque enculará a Rosette. El 23, en la fiesta de la doceava semana, Rosette será entregada a Bande-au-Ciel. El día 25, Curval dará por culo a Agustina.
De llorar deja. No para ti, Au- runculeya, peligro hay, de que a ninguna mujer más bella, claro desde el Océano, el día 85 viera venir.
LAFAYE, Jacques, Quetzalcóatl Et Guadalupe, La Formation de la Conscience Nationale au Mexique, Editions Galimard, Francia, 1974.
Pero por nuestra parte, créanme, es espontáneo. Usted está aquí para decir adiós a nosotros, y no tiene una buena palabra para ella en Inglés - el mejor es au revoir .
Que, la au sencia de pla nificación y de políticas d e compras p úblicas h a d erivado e n discrecionalidad y desp erdicio d e re cursos públicos po r pa rte de las in stituciones contratantes del Estado.
Omisión que he hecho en esta introducción 1) Hay que decir que Hércules y Bande-au-Ciel son el uno muy mala persona y el otro muy feo, y que ninguno de los ocho ha podido gozar nunca de hombre ni de mujer.
Curval tenía a sus pies a Bande-au-Ciel, en su canapé a Constanza, mujer del duque e hija de Durcet, y por cuadrilla a cuatro jóvenes españoles, cada sexo vestido con su traje y lo más elegantemente posible, a saber: Adonis, Celadón, Fanny y Zelmira, presididos por la Fanchón como dueña.
Todavía niño, da muestras de prodigiosa fuerza y de una voracidad no menos extraordinaria; ya adolescente, realiza sus estudios en Poitiers, Tolosa, Montepellier, Bourges y Orleáns, donde se topa con un limosín, estudiante en París, que desfigura la lengua francesa, es decir, la llena de latinismos bárbaros y la parodia de Rabelais es graciosísima: “Nous transfetons la Sequane au dilucule e crepuesculo; nous deambulons par les copites et quadrivies de l`urbe la verbocination latial”.
Chénier, aguardando por instantes la muerte, escribe sus últimos versos, que deja incompletos para marchar al patíbulo: : Comme un dernier rayon, comme un dernier zéphire : anime la fin d’un beau jour, : au pied de l’échafaud j’essaie encor ma lyre.