-grama

-grama

 
Sufijo procedente del gr. gramme, línea, escritura: telegrama.
Ejemplos ?
Mientras que así se queja la sin ventura oveja la monda piel fregándose en la grama, y el vulgo de inocentes baladores ¡vivan los lobos!
Vagas cortinas de volantes vanos Corrió Favonio lisonjeramente, A la de viento, cuando no sea cama De frescas sombras, de menuda grama.
3 Y Moab temió mucho á causa del pueblo que era mucho; y angustióse Moab á causa de los hijos de Israel. 4 Y dijo Moab á los ancianos de Madián: Ahora lamerá esta gente todos nuestros contornos, como lame el buey la grama del campo.
23 Considera atentamente el aspecto de tus ovejas; Pon tu corazón á tus rebaños: 24 Porque las riquezas no son para siempre; ¿Y será la corona para perpetuas generaciones? 25 Saldrá la grama, aparecerá la hierba, Y segaránse las hierbas de los montes.
Yo los miré, y el cielo, que los vía, volvió a lucir y comenzose el día, 8 por cuya luz de innmnerable smna, veloces más que el mismo pensamiento, con alado remar naves de plmna volvieron a surcar mares de viento, formando visos en lugar de espmna su no desalentado movimiento, y alegres alternando aquella salva, que por patrona se le debe al Alba. 9 Luego en la grama, estrado de la ve!
27 Y sus moradores, cortos de manos, quebrantados y confusos, serán como grama del campo y hortaliza verde, como hierba de los tejados, que antes de sazón se seca.
allí los hallaré. El aura leda duerme en las flores y la blanda grama el son apaga de mis pasos lentos. Como las sombras cunden de la umbría noche en el cielo, así en el alma mía cunden ya dolorosos pensamientos; y una hoja que desciende, algún eco fugaz, una avecilla que errante y solitaria el aire hiende, la leve nubecilla que viaja a reclinarse allá en el monte, o a perderse lejana en el vago horizonte; todo me causa una emoción profunda, me aprieta el alma una indecible pena y de improviso mi pupila inunda de inesperado llanto amarga vena.
Ya por el blando césped silenciosa se arrastra, robando sus perfumes al tomillo y la grama; Ya en torno de los troncos, de las encinas altas, columpia en sus cortezas las ramitas enanas.
Sin duda en mágico vuelo, como celestes visiones, entre la grama y los aires os deslizasteis veloces, huyendo mi fe constante, pues vuestros pechos traidores tienen el aire por guía, y la inconstancia por norte.
No se miró Jasón tan fieramente en Colcos embestido por los toros de Marte, ardiendo en llama, como precipitado y encendido sale el bruto valiente que en las márgenes corvas de Jarama rumió la seca grama.
Haría cosa de unas horas que don Dionís se encontraba en aquel delicioso lugar, recostado sobre la menuda grama a la sombra de una chopera, departiendo amigablemente con sus monteros sobre las peripecias del día, y refiriéndose unos a otros las aventuras más o menos curiosas que en su vida de cazadores les habían acontecido, cuando por lo alto de la empinada ladera y a través de los alternados murmullos del viento que agitaba las hojas de los árboles, comenzó a percibirse, cada vez más cerca.
No en las vegas de Jarama pacieron la verde grama nunca animales tan fieros, junto al puente que se llama, por sus peces, de Viveros, como los que el vulgo vio ser lidiados aquel día, y en la fiesta que gozó, la popular alegría muchas heridas costó.