ío

-ío, -ía

 
Sufijo de adjetivos derivados de otros adjetivos o nombres y de sustantivos derivados de nombres o verbos. En los adjetivos tiene significación intensiva: bravío, o denota relación o pertenencia: cabrío. En los sustantivos denota generalmente grupo o colección: gentío, caserío.
Traducciones

ío

Io
Ejemplos ?
PROMETEO. CORO DE NINFAS OCEÁNIDES. OCÉANO. ÍO. HERMES. = LA FUERZA Al remoto confín hemos venido De la tierra, a los yermos inaccesos De la Escitia.
142. ío Çid Ruy Díaz a Pero Vermúez cata: «¡Fabla, Pero Mudo, varón que tanto callas! Hyo las he fijas & tu primas cormanas; a mí lo dizen, a ti dan las orejadas.
Tú que tanto bien al hombre diste, ¿Por qué causa padeces? PROMETEO No sin llanto Acabo de narrar mis infortunios. ÍO ¿Y a mí no los dirás?
PROMETEO Mas yo soy inmortal; ni ese refugio Me queda, y durarán mis aflicciones Hasta que Jove de su solio caiga. ÍO ¿Y alguna vez caerá?
Meçió Mío Çid los ombros e engrameó la tiesta: "¡Albriçia, Álbar Fánnez, ca echados somos de tierra! = ío Çid Ruy Díaz por Burgos entrava, en su conpanna LX pendones.
E el romanz es leído, datnos del vino, si no tenedes dineros, Echad allá unos peños, que bien vos lo darán sobr'ellos. Español moderno: = ío Cid Ruy Díaz a Pedro Bermúdez mira: «¡Habla, Pedro Mudo, varón que tanto callas!
A los cantos debe la celebridad Ío, aterrada por sus cuernos; Leda, seducida por el adúltero Jove, bajo la figura de un cisne, y Europa, que atravesó el mar sobre las espaldas de un toro engañoso, sujetando los cuernos retorcidos con sus virginales manos.
Tántalo muere de sed en medio de las aguas, y ansía coger los frutos que se le escapan; castigo impuesto a la garrulería de su lengua. El guardián celoso en extremo con que Juno atormentó a Ío murió antes de tiempo, y ella es hoy una diosa.
Mas un cantar lejano Penetra mis oídos, Como aquél que en tus nupcias resonó, Junto a tu baño y lecho, Cuando llevaste al tálamo, Con muchos dones, a mi hermana Hesión. = ÍO ¿Qué tierra?
Tú, es otra cosa. Pa eso has ío a la escuela y haces ese letruz tan reondo, que ¡no paice sino que estudiabas el oficio de mimorialista!
El Ínaco solo falta y, en su profundo antro, recóndito, con sus llantos aumenta sus aguas, y a su hija -tristísimo- Ío, plañe como perdida: no sabe si de vida goza 585 o si está con los Manes, pero a la que no encuentra en ningún sitio estar cree en ningún sitio y en su ánimo lo peor teme.
En el oro de su ligero escudo se ve representada a Ío, erguidos los cuernos, cubierta ya de cerdas, ya convertida en vaca (¡Larga y memorable historia!); vese también allí a Argos, custodio de la virgen y a su padre Ínaco derramando de su cincelada urna un caudaloso río.