Ítaca

Ítaca

 
Isla de Grecia, la menor de las Jónicas, en el nomos de Cefalonia; 96 km2 y 6 466 h. Cap., la c. homónima (2 293 h). Según la descripción de la Odisea, era la patria de Ulises.
Traducciones

Ítaca

Ithaka
Ejemplos ?
“¿Para qué, aun así, ellas al de Ítaca, quien a escondidas, quien siempre inerme las cosas hace y con sus hurtos engaña al incauto enemigo?
Eso desea el rey de Ítaca, y con grandes mercedes os lo pagarán los Atridas." "Avívase con esto nuestro afán por averiguar los motivos de aquellos sucesos, sin sospechar las maldades y artificios de que es capaz la perfidia griega.
En esto se presenta el rey de Ítaca en medio de la muchedumbre, trayendo con gran tumulto al adivino Calcas, y le insta a que declare la voluntad de los dioses; ya muchos anunciaban la cruel perfidia tramada contra mí, y sin decírmelo preveían lo que me iba a suceder.
Ya aparecen en medio del mar la selvosa Zacinto, y Duliquio, y Samos, y Nerito, toda erizada de peñascos. Esquivamos los arrecifes de Ítaca, reino de Laertes, maldiciendo aquel suelo, que produjo al cruel Ulises.
AQUEMÉNIDES, natural de Ítaca, hijo de Adamasto, abandonado por los compañeros de Ulises en las costas de Sicilia; después de la guerra de Troya, fue recogido por Eneas, a quien refirió los horrores que había visto en la cueva de Polifemo.
Depuesto, en fin, el terror, nos habla en estos términos: "Compañero del desgraciado Ulises, Ítaca es mi patria, mi nombre Aqueménides; la pobreza de mi padre Adamástor me impulsó a ir a la guerra de Troya (¡Ojalá me durase todavía aquella pobreza!).
Cuando ya se disponía a partir el rey de Ítaca, dícese que pretendiste detenerle con tales razones: «No te suplico ahora lo que antes, bien lo recuerdo; sostenía mi esperanza, que quieras ser mí consorte, y eso que me imaginaba digna de llamarme tuya, por ser una diosa y la hija del potente Febo; sólo te ruego que no apresures la partida, como merced te pido la dilación; ¿qué menos pueden demandarse mis votos?
710 Y ya los duliquios puertos, e Ítaca, y Samos, y de Nérito las casas, y el reino del falaz Ulises pasado de largo habían: disputada en un litigio de dioses la Ambracia ven, y bajo su imagen la roca del convertido juez, la cual ahora por el Apolo de Accio conocida es, 715 y la tierra vocal por su encina dodónida, y las ensenadas caonias, donde los hijos del rey Moloso de unos impíos incendios huyeron con unas alas a ellos sometidas.
Compare con esas cosas el de Ítaca a Reso, al no aguerrido Dolón y al Priámida Héleno, con la raptada Palas capturado: a la luz nada hizo él, nada, de Diomedes alejado.
¿Se dirige vuestra quilla a qué tierra?” A quien tal preguntaba, ya no tosco en su atavío, 165 ya suyo él, y no trabado su sombrero de espinas ningunas, dice Aqueménides: “Que de nuevo a Polifemo y aquellas comisuras yo contemple, fluidas de sangre humana, si mi casa que esta quilla para mí mejor es, o Ítaca, si menos a Eneas venero que a mi padre, y nunca 170 estarle bastante agradecido podré, aunque se lo ofreciera todo.
No me atrevo, imitando al rey de Ítaca, a sumergir en el río las furiosas saetas y las antorchas del Amor; no intento cortarle las alas de púrpura, ni aflojar las cuerdas de su arco divino con mis lecciones.
En 1974 compartió el premio Nobel con Harry Martinson. Entre sus obras destacan Odisea, Regreso a Ítaca (1946) y Los días de su majestad (1961).