Áyax

Áyax (Aías)

 
mit. Rey de Salmacis, de estatura gigantesca, que se distinguió en la guerra de Troya.
Ejemplos ?
Además, Áyax, tú sabes que somos amigos del alma; l'amour gâtera tout (Gaité hablaba en francés y en italiano según se le ocurría más pronto la frase en una u otra lengua).
En vano evitaras desde tu tálamo los rudos venablos, las puntas de las saetas cretenses, el clamoreo de la batalla y la persecución del volador Áyax; aunque tarde, has de ver manchados de polvo tus adúlteros cabellos.
, Traducción de Ana Pérez Vega - - - - - - - - - - - - - - - Se sentaron los generales, y con el vulgo de pie, en corro, se levanta hacia éstos el dueño del escudo séptuple, Áyax, y cual estaba, incapaz de soportar su ira, del Sigeo a los litorales con torvo rostro se volvió para mirar, y a la flota en ese litoral, y extendiendo las manos: “Tratamos, por Júpiter”, dice, 5 “ante nuestros barcos esta causa, y conmigo se compara Ulises.
La escena frente al campamento aqueo, al despuntar el alba. Ulises escudriña alrededor de la tienda de Áyax, sigiloso y alerta.
Acompañantes de Menelao, de Agamenón y de Teucro. Coro de quince marinos, soldados salaminos, de Áyax, dirigidos por el Corifeo.
No ellas el Tidida, no osa el Oileo Áyax, no el menor Atrida, no aquél en la guerra mayor y en edad demandarlas, no otros: solos, de Telamón el nacido y el de Laertes, tuvieron la arrogancia de tan gran gloria.
La ambición de los Atridas, el furor de Aquiles, los alaridos de Áyax desesperado; guerreros del cielo y de la tierra cruzando las espadas en batallas estupendas, hacen temblar montes y mares, no son cosas de reír.
15 Que unas recompensas grandes se piden confieso, pero les quita honor el rival. Para Áyax no es un orgullo poseer, aunque sea ello ingente, algo que ha esperado Ulises.
Entonces fue cuando tú, turbado por copiosas libaciones y perdido en la obscuridad de la noche, sacaste valientemente la espada, como el furioso Áyax, pero no para desahogar, como él, tu rabia en animales vivientes y aplastar rebaños enteros, sino para arrancarles el soplo (empresa mucho mas heroica) a tres odres de macho cabrío hinchados.
A Eáco lo reconoce el supremo Júpiter, y vástago confiesa que es suyo. Así, desde Júpiter el tercero: Áyax. Y aun así este orden a mi causa no aproveche, Aquivos, si para mí con el gran Aquiles no es común: 30 hermano era, lo fraterno pido.
Los hados me lo impiden; mas ¿no pudo Palas incendiar la armada 40 de los Griegos y anegarlos a todos en el Ponto por sólo la culpa y los furores de Áyax, hijo de Oileo?
Y si la verdad lícito me es decir, se les procura a ellas, 95 que a mí, mayor honor, y conjunta la gloria nuestra es, y aun Áyax por esas armas, no por Áyax esas armas, son pedidas.