Ejemplos ?
Este artículo despertó el interés de Butler por el trabajo médico misionero, y dos años más tarde en 1874 fue aceptada en la India Female Normal School and Instruction Society, un grupo misionero no confesional que con el tiempo se convirtió en la Iglesia de la Sociedad Misionera Inglesa de Zenana, un grupo anglicano especialmente dedicado a cristianizar las mujeres de la India a través de distintos métodos entre los que se incluye el trabajo médico misionero.
El no ver la faz augusta prestó ánimo a la tímida Zenana: arrojose a los pies del macedón, y bañándolos con muchas lágrimas, expuso el objeto de su venida.
Pareció a Higinio tan excelente el ardid de la discreta Zenana, que estuvo conforme, y a la misma noche la condujo a los jardines del gineceo de Alejandro.
Acaeció, pues, que estando prisionero de un general de Alejandro el sátrapa Artasiro –y habiéndose resuelto que si el sátrapa no entregaba pingües tesoros que suponían ocultos le matarían cortándole en pedazos-, la única hija del sátrapa, Zenana, se dio arte para llegar hasta el rey, con propósito de abrazar sus rodillas y librar a su padre del suplicio.
«Habla y no te descubras», murmuraba tiernamente Alejandro, sentado cerca de una fuente donde la luna fingía en el agua de los surtidores continuo desgrane de perlas y las rosas del Gulistán, que después se llamaron de Alejandría, dejaban caer sobre las cabezas de los amantes perfumados pétalos. Fue el amor de Zenana el más largo e intenso de cuantos disfrutó Alejandro en su corta vida.
Bien escondida estaba Zenana, pero al fin se averiguó su refugio, e Higinio, antes de llevarla a la presencia de Alejandro, la enteró de cómo el rey, prendado de su voz, se moría por ella.
Parece que la leyenda contenida en la monografía que hoy saco a luz, es la misma que representa una tapicería gótica perteneciente al barón de Rothschild, y en el cual, con donoso anacronismo, Alejandro luce una armadura de punta en blanco, del siglo XIV, y Zenana el luengo corpiño, el brial y el ancho tocado de las damas contemporáneas de la Santa Sede en Aviñón.
El candor y la pureza de Zenana se revelaban en la sencillez no estudiada de su atavío; vestida ya de luto, sin adornos ni joyas, con el cabello suelto, sólo por natural efecto de la gracia juvenil podría agradar.
Y es preciso que, a fuer de verídica, añada que Zenana no era tampoco lo que se llama una hermosura, ni menos poseía el hechizo malvado de las grandes cortesanas de Babilonia, que sabían con añagazas y tretas enredar un albedrío.
Y así que hubo oído la promesa de que su padre tenía salva la vida, Zenana, después de estrechar otra vez las rodillas de Alejandro, desapareció, yendo a ocultarse con su nodriza en una cueva cercana a Babilonia, pues temía ser perseguida y ultrajada por los mismos que intentaban matar al sátrapa.
Ya lo sabes. Búscame a Zenana, tráemela aquí, porque si no, conozco que perderé el juicio. Obedeció Higinio prontamente, y puso en movimiento numerosa cohorte, a fin de descubrir a la misteriosa beldad: pro tal la tenía.
Después de la conquista musulmana de la India, sobre todo los Rajputs empezaron a utilizar una técnica similar de confinamiento de las mujeres en partes de la vivienda o alas de los palacios, a los que llamaron zenana.