zar


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zar

(Del ruso tsar.)
s. m. HISTORIA Título que se daba al emperador ruso y al soberano búlgaro.

zar

 
m. Título del emperador de Rusia y del rey de Bulgaria.

zar, zarina

('θaɾ, θa'ɾina)
sustantivo masculino-femenino
historia emperador de la antigua Rusia las flotas de zar

zar, zarina

('θaɾ, θa'ɾina)
sustantivo masculino-femenino
historia emperador de la antigua Rusia las flotas de zar
Sinónimos

zar

sustantivo masculino
Traducciones

zar

цар

zar

tsar

zar

car

zar

zar

zar

Zar

zar

caro

zar

tsaar

zar

tsaari

zar

tsar

zar

צאר

zar

tsar

zar

zar

zar

ツァーリ

zar

tzar

zar

caras

zar

tsar

zar

car

zar

ţar

zar

car

zar

цар

zar

tsar

zar

цар

zar

sa hoàng

zar

沙皇

zar

SMtsar, czar (esp EEUU)
Ejemplos ?
Tenía la viguería de talla, como la iglesia noruega; columnas de mármol, como el templo griego; campanillas en cada piso, y en lo alto, cúpulas verdes y doradas, como el Kremlin del Zar.
Una tarde recibió O'Higgins, por un expreso, carta de la capital, en que le participaban que su amada Carmen había muerta al dar á luz una niña, vivo retrato de don Demetrio. Inmediatamente contrató pasaje en el vaporcito que debía zar- par al otro día de Cerro-Azul para el Callao.
Ostentaba el duque en su despacho, y enseñaba con orgullo, además de las condecoraciones, pieles de zorro azul, regaladas por el zar, el collar de esmaltes de una momia, obsequio del jedife, y un sable japonés de abrirse el vientre, con pedrerías en la empuñadura, gracioso donativo del mikado.
Y nosotros no queríamos irnos a la base Comandante Zar, porque ya sabíamos que íbamos a estar muchos mas seguros con la gente del penal que con la marina., cosa que no era nada errada.
¿Del General Lanusse? ¿Qué pasó en la base Almirante Zar? Oficialmente la opinión pública argentina fue informada de una serie de mentiras contadas por el contraalmirante Hermes Quijada, y durante la noche del 22 de agosto el gobierno sanciona la ley 19797, por lo que se establecen penas de prisión para quienes divulguen imágenes de personas ligadas a grupos subversivos, impidiendo toda difusión de la verdad.
Sin compactas legiones de pretorianos, el Sultán yacería en el fondo del Bósforo, el Zar se bambolearía en el extremo de una soga, el Emperador de Alemania bramaría en la jaula de un manicomio, el Rey de España haría de monaguillo en una escuela de hermanos cristianos, el Emperador de Austria serviría de portero en una casa de señoras amables y complacientes.
Si bien lo decaído de mi salud y el escaso tiempo que las atenciones de mí empleo oficial no reclaman, me de- jan poco vagar, procuraré siquiera sea rápidamente, patenti- zar las más culminantes exageraciones, falsedades y calumnias de que tan profusamente está sembrado el compendio.
Porque todos ellos conocieron madres. Por ejemplo, el hermano de Andreiev fue el que colocó una bomba en el palacio de invierno del zar.
Inés, por su parte, no podía hablar con nadie, fuera de su amigo, con la libertad de espíritu y de prejuicios que le concedían su raza y su edu­cación: la misma educación que la hacía avan­zar al encuentro de Morán, aunque Ekdal no estuviera en casa, con una alegre sonrisa que comenzaba al distinguirlo en el camino, y que no concluía hasta estrecharle fuertemente la mano.
Pero el Anticristo es intangible. Zar, te pasará lo que a Herodes; todo sucumbirá a tus furias menos el Elegido, y tu hacha, lejos de herirle, le allanará el secreto sendero hasta tu trono.
Y cuando regrese, sufrirá la zarina el suplicio de la marmórea indiferencia y el desdén brutal con que la mira y la trata su dueño, harto de su hermosura y airado contra la mujer que no consigue atraerle a sus brazos. ¿Por qué la aborrece el zar?
Contra este espectro se han conjurado en santa jauría todas las potencias de la vieja Europa, el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes.