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No es extraño, pues, que pronto se terminase el dinero; al fin a nuestro mozo no le quedaron más de cuatro perras gordas, y por todo vestido, unas zapatillas y una vieja bata de noche.
En nombre de la libertad vos tenés un montón de instituciones de disciplinamiento que pasan por la ropa que te ponés, por las zapatillas que usás, por la novia de mercado que tenés que elegir, por la estructura de la universidad donde vas; y cuando no terminás todos esos disciplinamientos te dicen: y bueno, ahora que transitaste con libertad la juventud, tenés que empezar la escalerita del poder.
-Pues por mi parte -declaró Nicolás Morla, el especulador-, como naciese de nuevo, ¡Qué meterme en negocios de alto vuelo, ni qué...! Una rentita pequeña, cortad el cupón, zapatillas, chimenea y santas pascuas...
Desconfiadas de sus personas, cuando quieren halagar algunas narices, luego se encomiendan a la pastilla y al sahumerio o aguas de olor, y a veces los pies disimulan el sudor con las zapatillas de ámbar.
Hasta creo que miraban de tiempo en tiempo la manecilla del reloj con tanta impaciencia como jueces humanos que, en sesión desde por la mañana, no pueden por menos de soñar con la hora de comer, con la familia y con sus zapatillas adoradas.
Pidiome que le entregase un presente de valor, que despachaba a Lisboa a mi hermana, en ocasión que se casa noblemente; dísele, en fin, y metió en la caja prevenida, perlas, diamantes, olor, guantes, zapatillas, medias; y a vueltas desto encerró bujerías que, curiosas, ocupaban un cajón.
¿Acaso Hernani veía a su dama como yo solía ver a Celinita para huir de tentaciones: ajada, en zapatillas, madre ya de varios retoños?
Admet-ben-Carime-el-Abdoun respiró alegremente, y aun hizo alguna zapateta, sin que por eso se le cayesen las mal aseguradas zapatillas, tan luego como se vio fuera de los redoblados muros de la plaza española y con toda el África delante de sí...
Mostraba con orgullo en la sala dos pequeños croquis dibujados a lápiz por ella, a los que había mandado poner unos marcos muy anchos y colgar sobre el papel de la pared con largos cordones verdes. Al salir de misa, se le veía en la puerta de la casa con bonitas zapatillas bordadas.
-Pues os engañáis grandemente, porque yo no hago más que pagarle así la cacería que hace en los ratones que se atrevían a mis vestidos, y la satisfacción que me causa el verle jugar con mis zapatillas y el hilo de mi calceta, mientras con mi mano, que él conoce, acaricio su pelo brillante y blanco como la piel de un cisne.
Un nuevo personaje en quien nadie pensaba, y que traía zapatillas, gorro de dormir y un levitón que le llegaba hasta los pies, apareció de improviso en la sala, causando en todos una viva sensación, si bien diferente en cada uno.
Iba a su escaño como preparado para un viaje al polo; llevaba cien mil documentos fehacientes y soporíferos, cinco vasos de agua, dos o tres cajas de pastillas, y hay quien dice que las zapatillas y algunos fiambres.