Ejemplos ?
Fuese lo que fuese, Bujía no aportó más por el tenducho, y ahora se le achacaban libertinos propósitos respecto de una zapatera, muy guapa, rubia como unas candelas y legítima esposa de un esposo joven y buen mozo, por añadidura.
A pesar del riguroso bando conminatorio, la zapatera se negaba resueltamente a recibir papelitos, aderezando su negativa con una salsa parecida a ésta: -Miren, miren al ladronazo de ño San Martín que, no contento con desnudar a la Virgen del Rosario, quiere llevarse la plata y dejarnos cartoncitos imprentados...
Llegar a las aceitunas era también otra locución con la que nuestros abuelos expresaban que había uno presentádose a los postres en un convite o presenciado sólo el final de una fiesta. Aceituna zapatera llamaban a la oleosa que ha perdido color y buen sabor y que por falta de jugo empieza a encogerse.
El territorio que esta gente ocupaba era el más pequeño de todos: el estrecho istmo formado por el Lago de Nicaragua y el Pacifico, más las islas de Ometepe y Zapatera, en dicho lago; pero aunque pequeño en extensión fue quizá el más fecundo de todo el país, el consentido de la naturaleza.
-exclamó la zapatera conmovida, hasta saltársele las lágrimas con la bondad de don Juan, y poco menos conmovido se sintió Perico por la misma bondad.
-Santo domingo -añadió la zapatera- es el único que deben celebrar los artistas como nosotros, y ése es el único que nosotros celebramos.
La islita La Ceiba queda frente a dicha bahía (véase el mapa No. 2). Zapatera es, en mi opinión, una isla volcánica. Creo que el noroeste de ella corresponde a la cumbre de un cono volcánico hundido, y la bahía de El Chiquero al propio cráter; el angosto y alto ribete montañoso que circunda la bahía forma el borde del cráter, siendo la islita La Ceiba prolongación del mismo ribete.
Así decían por la mujer hermosa a quien los años o los achaques empiezan a desmejorar: «Estás, hija, hecha una aceituna zapatera».
-Quiero decir que los que van al infierno padecerían infinitamente más si antes hubieran ido al cielo. El zapatero y la zapatera se encogieron de hombros, dando a entender que no acababan de comprender lo que don Juan les decía.
Mas por entonces se dijo que la zapatera había apurado un veneno y preferido la muerte a ver ondear en los castillos el pabellón de la República.
Y esta náusea se convirtió en horror al salir la luna recogiendo su velo de nubes y distinguir claramente, en la enlazada pareja, las figuras y rostros de don Atilano Bujía y la hermosa zapatera vecina de Clara, rubia como unas candelas y mujer de un marido joven y buen mozo.
Así envalentonada la zapatera, acrecía de hora en hora en atrevimiento, haciendo huesillo a los agentes de policía, que de vez en cuando la amonestaban para que no escandalizase al patriota y honesto vecindario.