yin


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yin

(Voz china.)
s. m. FILOSOFÍA Fuerza cosmológica o principio pasivo y femenino, en el taoísmo. yang

yin

  (voz china)
m. filos. Fuerza cosmológica, indisoluble del yang y del tao, que se manifiesta sobre todo por la pasividad.

yin

 
m. Jean.
Traducciones

yin

jean
Ejemplos ?
Localizada en el centro sur de Mongolia interior, la ciudad se encuentra rodeada por las montañas Daqing (大青山) que literalmente significa las gran montaña azul al norte y al sur por la meseta Hetao, una parte de las Montañas Yin.
La figura más representada siguió siendo Buda, así como los bodhisattvas (místicos budistas), destacando la estatua en madera policromada de Guan Yin (o Bodhisattva de la Misericordia), de 2,41 metros de altura.
En tal mundo son dos las civilizaciones principales que dominan el panorama de un modo antagonista pero complementario similar al yin y yang: la China imperial y el llamado Dar-el-Islam (un vasto conglomerado de estados musulmanes).
Allí escribió su primera novela, Bélver Yin (1981), con la que obtendría el Premio Ciudad de Barcelona de 1982, y cuyo notable éxito de crítica y público, así como su corte con la tradición literaria española, la señalan como uno de los referentes más importantes de la nueva literatura de la España democrática.
- Abarca infinidad de actividades - dijo el Patriarca -, entre las que cabe mencionar la recogida del yin para dar de comer al yang, el tensamiento del arco y la descarga de la flecha.
Lao-Tze, de la vieja China, le nombraba Tao, el camino, donde se encontraba el Yin y el Yang, lo femenino y lo masculino que mueven la existencia.
Antes de que concluyera una época tan extraordinaria, hubieron de transcurrir otros cinco mil cuatrocientos años, al cabo de los cuales amaneció la época de Yin y todo cuanto conocemos comenzó a surgir y a crecer, como si siguiera la voz de una eterna primavera.
En aquella época el Cielo y la Tierra eran tan brillantes como la luz misma y cada uno encerraba dentro de sí los dos principios del yin y del yang, a cuya unión todo debe su existencia.
Así, a la de Dhzu le corresponden las primeras horas de la mañana, cuando la oscuridad es l y aún no se aprecia ningún atisbo de luz; el gallo canta a la hora de Chou; a la de Yin comienza a clarear; el sol sale, finalmente, a la de Mao; a la de Chen es completamente de día y los hombres se disponen a tomar el desayuno; quien trabaja lo tiene ya todo planeado a la hora de Sz; a la de Wu el sol alcanza su cenit; la tarde comienza a declinar a la de Wei; a la de Shen las familias se reúnen alrededor de la mesa para la colación vespertina; el sol se pone a la de Yu; a la de Hsü desaparecen del todo los últimos vestigios del crepúsculo; finalmente, la gente se retira a descansar a la de Hai, abriendo las puertas, así, a un nuevo ciclo.
De esta forma, quedaron establecidas para siempre las tres fuerzas que rigen los destinos de la naturaleza: el Cielo, la Tierra y el Hombre, que, como queda dicho, vio la luz durante la milagrosa época de Yin.
Parece que un tal Doctor Kyon afirma lo siguiente: "En medicina se distingue a los hombres de las mujeres en virtud de los principios del Yin y del Yang; por consiguiente, los tratamientos médicos son fundamentalmente diferentes.
En los largos y pesados caminos, ya fuera en sillas cargadas por moghines, o en las canoas de paja, a la sombra de quitasoles leves, bordeando los canales, ensayó todos los medios de olvido: leyó los tres primeros libros del Ayu-Say, donde el filósofo Meng narra la adorable infantilidad de Confucio, pero se le caía el libro de las manos; buscó de intrigar su fantasía con los cuentos picantes de Son-Vi-Hin, pero los arrojaba luego; un día bebió aguardiente de arroz hasta que sus piernas claudicaron y en su rostro encendido los ojos vidriosos durmieron bajo los párpados pesados; otro día bebió la miel del junco amarillo hasta perder la razón; luego aspiró el api-yin de Benarés hasta convertirse en un semidiós...