Ejemplos ?
Los pueblos, en vez de afanarse por saber si triunfa el coronel Pérez o sale derrotado el doctor García, deben averiguar si después de los combates pagarán menos contribuciones, sacudirán la tutela de los hacendados y dejarán la condición de jornaleros y yanaconas para convertirse en hombres libres y pequeños propietarios.
Y no conquistó con armas ni derramamiento de sangre ni trauajo. Y los Cañares y Chachapoyas y yanaconas se metieron sólo a fin de rrobar y hurtar.
4° Respecto al oro que los mercaderes, tratantes y pulperos compraban a algunos indios yanaconas, forasteros y naturales, que lo sacaban de los ríos, estableció que se asentasen en un libro el metal que comprasen, el nombre del indio que vendiese y que tuviesen obligación de dar noticia de ello a las autoridades y de traer cada seis meses el testimonio de que habían quintado en una de las cajas Reales de Loja y Quito, so pena de pérdida del oro que no manifestasen.
Indias pescadoras que venían de Chorrillos, hierbateros de Surco, yanaconas de Miraflores, cimarrones de San Juan y peones de las haciendas traficaban a esa hora a pequeña distancia del estanque.
Como se partió el capitán Alonso de Monroy con sus compañeros y soldados, era tanta la desvergüenza de los indios, que no quisieron darse a sembrar sino a nos hacer la guerra; y con la posibilidad que tenían y con estos torcedores, viendo la poca posibilidad nuestra, pensaron de nos matar y costreñir a desamparar esta tierra y volvernos; y así, venían a nos matar a las puertas de nuestras casas los yanaconas y los hijos de los cristianos y a arrancarnos las sementeras...
Mas están a su cargo 65 yanaconas que le pagan 12 reales cada uno; están estos en diversas partes en huertas y estancias de Vecinos rio abajo y rio arriba de la Ciudad.
A indios que sirven por mita, esto es, apremiados y repartidos por quinto, les llaman mitayos, y a los que entran a servir por su voluntad, yanaconas; éstos ganan de salario doce pesos cada año, y los mitayos 9 reales y medio cada 15 días y de comer, por tasación que hizo el Virrey.
No habían de ponerse en esta lista los indios que se ocupaban en el servicio de Quito, Cuenca y Loja, como tampoco los albañiles, carpinteros, herreros, sastres, silleros, zapateros y otros yanaconas que servían a los españoles y a las viudas pobres, que no tenían como comprar esclavos negros.
Y en el Noveno titulo o capitulo, se asienten todos los indios que están poblados en los arrabales de la dicha Ciudad, Villa o lugar fuera de repartimiento por Vecinos del dicho lugar y yanaconas, y en el asiento de cada español, sino fuere natural de la dicha Ciudad, Villa o lugar, se asiente de dónde es natural y la licencia que tuvo para pasar en Indias, y por qué razón se le dio, y si ha cumplido con la obligación que en ella se le puso, y en el asiento de cada indio se ponga sino fuere natural del dicho pueblo, de dónde es natural, si fuere de algún repartimiento, con qué licencia salió dél.
Cómo los españoles se derramaron por todas las partes de la tierra deste rreyno de dos en dos y algunos, cada uno haziendo gente yanaconas, yndios, buscando cada uno sus benturas.
Y algunos yndios se hacían ladinos, los yanaconas dezían: “Obeja chincando, pacat tuta buscando, mana tarinchos, uira cocha.” Como los mestisos del Cuzco y de Xacxauana y de Cochacalla dicía: “Ya, señor sara paruayando, capón asando, todo comiendo, mi madre pariua, yo agora mirando chapín de la mula.” Y ancí los unos como los otro pasaron grandes trauajos, los yndios como los cristianos, y en los Collas decían: “Anda, puto.” Decía los yndios: “Putu sapi hiley haccha puto sapi hila.” Cómo después de auer conquistado y de auer rrobado comensaron a quitar las mugeres y donzellas y desuirgar por fuersa.
Tardé en el camino once meses, y fue tanto tiempo por el trabajo en buscar las comidas que nos las tenían escondidas de manera que el diablo no las hallara; y, con todo, me di tan buena maña, que llegué, con el ayuda de Dios, a este valle de Mapocho, que es doce leguas más adelante de Canconcagua, que el Adelantado llamó el valle de Chili, con perder sino dos o tres que me mataron indios en guazábaras en Copayapo y en el camino, y otros tantos caballos y algunas piezas de servicio y indios de carga; y de éstos fueron cuarenta, aunque en el valle de Coquimbo se me huyeron y quedaron, por temer la hambre de adelante, viendo la que hasta allí habían pasado, más de cuatrocientas piezas de yanaconas y indios, y quedáronnos otras tantas.