Ejemplos ?
¡Y cuando ya voy de vuelta, deseando abrazarlos y pagar las deudas que para comer hayan hecho aquellos infelices, ¿cómo he de perder ese dinero, que es para mí un tesoro?
En resumen: yo no conozco al autor de este cuadro, y hasta juraría que no he visto jamás obras suyas. Voy más lejos: creo que el pintor desconocido, y acaso ya muerto, que ha legado al mundo tal maravilla, no perteneció a ninguna escuela, ni ha pintado más cuadro que éste, ni hubiera podido pintar otro que se le acercara en mérito....
¡Pues no se han traído aquí el pavito de Belén! ¡Vente, monín, que voy a llevarte a tu sitio! Momentos después nuestro pavo, acartonado completamente, inmóvil, reposaba al pie del Niño Dios, que, entre sus pañales, bendecía a los pastores, y aceptaba los dones de los Reyes Magos.
En esto sonó un tiro muy próximo, al que siguieron cuatro o seis, disparados a un tiempo a mayor distancia. Después volvió a reinar profundo silencio. -¡Yo no voy! -gruñó la criada-.
EL CAPITÁN.-¡Si, señora! ¡Voy a hablarle con toda franqueza! Yo he tenido siempre aversión instintiva a las mujeres, enemigas naturales de la fuerza y de la dignidad del hombre, como lo acreditan Eva, Armida, aquella otra bribona que peló a Sansón, y muchas otras que cita mi primo.
Pero nadie podrá remediar el daño que se ha causado al país al obligar a los tribunales a abandonar la tarea que les corresponde para librar al Gobierno del resultado de los desaciertos que ha cometido y que no sabe cómo remediar. Voy a hacerme cargo de las observaciones que mi persona, mi obra y mi actitud en las presentes circunstancias han merecido al Honorable Senador don Miguel Cruchaga Tocornal en la sesión del 23 de diciembre del pasado año.
Esto estaría bien si sólo hubiese un amor, pero como no es así, porque hay varios, habría sido mejor decir ante todo cuál es el que tenemos que elogiar, que es lo que voy a ensayar hacer.
Durante un rato el horror de morir allí, miserablemente solo, lejos de su madre y sus amigos, le cohibió todo medio de defensa. —¡Voy a morir ahora!...
¡Pepiita!... -¡Ya voy, madre, ya voy, que estoy acabando de tender la ropa! Y esto lo dijo, o mejor dicho, lo gritó Pepita desde el patio.
Siéntese usté una miaja. -Sí, hija, me voy a sentar porque vengo errengaíta. Y la vieja, después de soltar en otra el lío de sus artículos de venta, sentóse en una silla, la cual crujió de modo amenazador bajo la imponente balumba de la anciana.
¡De aquí a un rato voy a morir!... ¡Ya no puedo mover la mano!... En su pánico constató, sin embargo, que no tenía fiebre ni ardor de garganta, y el corazón y pulmones conservaban su ritmo normal.
¡Tenemos mucha hambre, piapiá! —Mi chiquito... No me voy a levantar todavía... Levántense ustedes y coman galleta... Hay dos todavía en la lata...