vivacidad


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vivacidad

1. s. f. Cualidad de vivaz la vivacidad de su mirada me hace creer que es un joven inteligente.
2. Aspecto vivo y brillante de una cosa el cuadro es precioso por la vivacidad de los colores. viveza

vivacidad

 
f. Calidad de vivaz.
Viveza (esplendor).

vivacidad

(biβaθi'ðað)
sustantivo femenino
cualidad de la persona o cosa que es muy animada o entusiasta Mostraba gran vivacidad en sus gestos y movimientos.
Sinónimos

vivacidad

sustantivo femenino
2 agudeza, sagacidad, perspicacia, astucia, listeza*, viveza. bobería.
Se trata de las del ingenio o la rapidez de comprensión.
Traducciones

vivacidad

vivacity

vivacidad

Lebhaftigkeit

vivacidad

vivacité

vivacidad

活泼

vivacidad

活潑

vivacidad

livlighed

vivacidad

SF
1. (= vigor) → vigour, vigor (EEUU)
2. (= personalidad) → liveliness, vivacity; (= inteligencia) → sharpness
3. [de colores] → brightness
Ejemplos ?
Mientras comía con buen apetito, pues no hay nada mejor para ello que el aire puro de las montañas, observaba a mis anifitriones. Sólo he dicho unas palabras sobre el señor de Peyrehorade; debo añadir que era la vivacidad misma.
Hombre guapo, fanfarrón, que hacía sonar fuerte sus espuelas, con unas patillas unidas al bigote, los dedos llenos de sortijas, tenía el sire de un valentón y la vivacidad desenvuelta de un viajante de comercio.
"La cantatriz y la bailarina (esto va por cuenta y riesgo del Padre Sallusti, cronista de la fiesta, según el general Mitre) unían a su brío y vivacidad natural, una belleza afectada, con traje elegante y un fantástico tocado dispuesto con caprichosa maestría.
-Todavía está bastante bien -dijo alegremente mi tía-: la vivacidad de sus antipatías demuestra que no ha perdido fuerzas; tiene muchos años ante sí, te lo aseguro; pero si quieres un perro que corra tanto como tú, Capullito, Jip ha vivido ya demasiado para ese oficio.
Luego, abrazándome fuertemente y cubriéndome de besos me echaba los más tiernos requiebros, pero no como las cortesanas, cuyos favores son un vil comercio y los prodigan al primer comprador de ellos, si no con la vivacidad de la más sincera y violenta pasión: «¡Te amo!
uando nos reuníamos en el café los nacidos en una misma tierra (por entonces no había centros regionales ni cosa que lo valiese), acostumbraba sentarse a nuestro lado un viejo curtido como cordobán, albardillado, recocido al sol, muy mal hablado, y que en sus ojos, todavía claros y de mirada fija, conservaba la vivacidad de la juventud.
De este modo solía explicarse doña Isabel, que era graciosa en el decir, que poseía el buen tacto de no zaherir directamente a nadie, aun cuando la zahiriesen; pero que, efecto de su franqueza y vivacidad natural, jamás dejaba sin doble respuesta a los que pretendían hacerla hablar.
El peor de mis defectos era una cierta impaciente vivacidad, una inquieta alegría que muchos hubieran sido felices de poseer, pero que yo encontraba difícil de conciliar con mi prepotente deseo de ir siempre con la cabeza bien alta, exhibiendo en público un aspecto de particular seriedad.
Mas esta elocuencia charlatana e ignorancia locuaz «no tiene mordiente, ni vivacidad, ni vida; todo es algo desnutrido, marchito y flojo, semillero de plantas y hierbas, que muy pronto se secan y corrompen»; por el contrario, la sencilla doctrina del Evangelio, semejante al pequeño grano de mostaza, «no se convierte en planta, síno que se hace árbol, de manera que los pájaros del cielo vengan y habiten en sus ramas»(116).
Quéjase de esto aquel insigne Bibliógrafo, como que en su dictamen Balbuena iguala en este poema á nuestros mejores poetas en magestad, invención, claridad y pureza de lenguage, dexando á todos muy atrás en abundancia, en vivacidad y en doctrina.
Entonces no comprendo ni entiendo ya más todos aquellos sabios razonamientos que nos han dado, pero si alguien me dice que lo que proporciona la belleza a un objeto es la vivacidad de sus colores o la armónica proporción de sus partes, u otras cosas semejantes, prescindo de todas estas razones, que no hacen más que confundirme, y contesto inhábilmente, lo reconozco, que lo que lo hace bello no puede ser más que la presencia o la comunicación de la primera belleza, de cualquier manera que se haga esta comunicación, y no aseguro nada más.
Por entre unas tablas se distinguía a la mujer abrazando tiernamente a la bestia, y el mono, con expresión compungida, miraba en rededor, brillantes los ojos lastimeros. La negra acariciaba la cabeza del chimpancé, que inspeccionaba el rostro de su madre adoptiva con perpleja vivacidad.