visera

visera

1. s. f. INDUMENTARIA Y MODA Pieza que tienen las gorras en la parte delantera para dar sombra a los ojos.
2. INDUMENTARIA Y MODA Pieza independiente, semejante a la anterior, que se sujeta a la cabeza por medio de una goma o cinta.
3. Especie de ala móvil que se coloca sobre el cristal delantero de los coches para proteger del sol al chófer y a los acompañantes.
4. Trozo de tela que protege la entrada en las tiendas de campaña.
5. Anteojera que se pone en los ojos de las caballerías.
6. Casita desde donde observa las palomas la persona que se dedica a cuidarlas.
7. HISTORIA Parte movible de un yelmo o de un casco, para cubrir los ojos.
8. calarse la visera HISTORIA Bajarse la del casco para lanzarse al combate.

visera

 
f. Parte movible del yelmo que cubría el rostro.
Ala pequeña de las gorras, para resguardar la vista.

visera

(bi'seɾa)
sustantivo femenino
1. parte de la gorra que protege del sol Tenía una gorra de visera grande.
2. protector solar para la cabeza Usaba visera para jugar al tenis.
3. parte del casco que protege la cara manejar una moto con la visera levantada
Traducciones

visera

peak, shade, visor

visera

Visier

visera

visière

visera

バイザー

visera

visor

visera

SF (Mil) → visor; [de gorra] → peak; [de jockey, tenista] → eyeshade (Caribe) [de caballo] → (horse's) blinkers pl; [de estadio] → canopy
visera de béisbolbaseball cap
Ejemplos ?
Habla levantado el caballero su visera, porque era fuerte el calor, y al verlo la vieja tan bien parecido, le dijo: -Pasad adelante, bello doncel, que seréis atendido y bien cuidado.
Al aparecer éste bajo el macizo arco de la portada de su prisión, completamente vestido de todas armas y cubierto el rostro con la visera, un sordo y prolongado murmullo de admiración y de sorpresa se elevó de entre las compactas masas del pueblo, que se abrían con dificultad para dejarle paso.
Tres veces volvió a repetirle la pregunta, que otras tantas obtuvo semejante o parecida contestación. -¡Que se levante la visera!
Respóndele el rey: «Rendido a otro español estoy antes, y que soy el rey de Francia para tu gobierno sabe.» Sorprendido el granadino de aventura tan notable, «¿A ese español -le pregunta- habéis dado prenda o gaje?» «Le di solo mi palabra, que mi palabra es bastante -contesta el rey-; si quieres, toma mi espada y mi guante, »y sácame del caballo y ayúdame a levantarme, que la visera me ahoga y esta pierna se me parte.» Ávila toma las prendas destilando fresca sangre, echa pie a tierra, y ayuda al rey con trabajo grande, y levántalo, y el yelmo le desencaja al instante para que le dé en el rostro, que lo ha menester, el aire.
Detrás de la puerta estaban colgados un abrigo de esclavina, unas bridas de caballo, una gorra de visera de cuero negro y en un rincón, en el suelo, un par de polainas todavía cubiertas de barro seco.
Es un vapor inglés colosal; figúrate la casa de Cordero sobre el estanque grande; no, figúrate que todo el Campo del Moro es agua, y también la plaza de Oriente, y Palacio encima con tres palos muy altos y una chimenea en lugar de la cúpula de la capilla; no hallo otra comparación que hacerte de este buque, porque la falúa de su majestad es muy pequeña y es el único barco que tú conoces. Los oficiales ingleses son bastante buenos chicos; pero gastan unas patillas muy feas y tienen la visera muy larga.
Todos cubríanse la cabeza con la tradicional gorra de cuero y en todas ellas, excepto en la del ciego, sujetas a la visera brillaban encendidas pequeñas lámparas de aceite.
A los tres días, pocas horas antes de expirar el plazo, después de reposar en Oviedo y de aprestarse para el combate, sonaron las trompetas y entró en el palenque el Caballero del Azor, con la visera calada y la lanza en la cuja.
Tratábamos nada menos que de despojar la biblioteca de una escuela. Enrique, pensativo, apoyó la mejilla en una mano. La visera de la gorra le sombreaba los ojos. Yo estaba inquieto.
Vestía una levita azul que le caía recta por su propio peso, alrededor de su cuerpo flaco, y su gorra de cuero, con orejeras atadas con cordones en la punta de la cabeza, dejaba ver, bajo la visera levantada, una frente calva, deprimida por el use del casco.
Su vivo y aguileño mirar hubiera fulgurado magnífico bajo la visera del casco adornado por crestada corona y largos lambrequines.
Confesad que os he rendido, y pues que prenda no llevo, porque podáis conocerme si a vuestra presencia vuelvo, »miradme, que soy mellado». Y alzando del tosco yelmo la visera, en un instante le mostró dos dientes menos.