Ejemplos ?
- exclamó el señor Frasquito el Trebujena acercándose al banco, donde aquél hacia correr la garlopa, con nerviosa ligereza, sobre un grueso listón de pino del que arrancaba muchas y rizadísimas virutas.
Estuvo tranquilo, serio, melancólico. Emma le escuchaba con la cabeza baja, mientras que con la punta de su pie removía unas virutas en el suelo.
Y esto lo dijo el Trebujena, como si en lugar de un favor estuviese haciendo un disfavor a Cayetano, el cual como, gracias a los muchos años que llevaba en el taller, sabíase de memoria que el Trebujena ocultaba, bajo una superficie un tantico sin pulimentar, un corazón repleto de generosidades e hidalgulas, le repuso, a la vez que limpiaba de virutas la cuchilla de la garlopa: -No, ¿pa qué me voy a dir?, esto ya se irá pasando.
Era aquello como un revoltijo de virutas, y metían tanto ruido, que el Caballo de los Muertos se mareó y hubo de retirarse de la mesa.
Miró debajo del banco, y nadie; miró dentro de un armario que siempre estaba cerrado, y nadie; en el cesto de las astillas y de las virutas, y nadie; abrió la puerta del taller, salió a la calle, y nadie tampoco.
Y entonces tenía usted que soltar la carcajada, porque Fulano de Tal era un carpintero, largo, seco y doblado, casi enroscado, como las cintas de madera o virutas que sacaba con su garlopa.
Mariquita miró con expresión de cómica indignación al que de modo tan cruel recompensaba su feminil clarividencia, y -Pos eso no quiée dicir más, sino que tú chanelas menos que un tapón y que un puñao de virutas y que un rancho de calamares, y como yo no tengo la curpa de na de eso, a mí me tiées tú que mercar el mantón de la señá Lola Garabito.
Se puede vivir muy bien y muy felizmente, y dejar que lo entierren a uno, cuando se tiene el «Noticiero»; al llegar al final de la vida se tiene tantísimo papel, que uno puede tenderse encima si no le parece apropiado descansar sobre virutas y aserrín.
Pero el pequeño no la dejó ya en reposo, y, así, un día ella le abrió la puerta del aposento y le mostró los doce féretros llenos de virutas, diciéndole: - Mi precioso Benjamín, tu padre mandó hacer estos ataúdes para ti y tus once hermanos; pues si traigo al mundo una niña, todos vosotros habréis de morir y seréis enterrados en ellos.
Luego llegaron las herramientas y en diez minutos de un trabajo febril, el cuarto se llenó de virutas y los cajones entraron todos.
Y, llevando a su hija al cuarto cerrado, abrió la puerta y le mostró los doce ataúdes, llenos de virutas y con sus correspondientes almohadillas: - Estos ataúdes -díjole- estaban destinados a tus hermanos, pero ellos huyeron al bosque antes de nacer tú -y le contó todo lo ocurrido.
G Trémolos exuberantes; bigotes de alambre, en aspa de Miura. Pelo = Virutas de acero, para lustrar parquets. Vibrato al cuarto dedo, abrillantado por un fondo de vaso.