virrey

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virrey

(Del lat. vice regis, en lugar del rey.)
1. s. m. HISTORIA Título del que representaba al rey en uno de los territorios de la corona, ejerciendo plenamente las prerrogativas regias.
2. HISTORIA Persona que, con este título, gobernaba en nombre y con autoridad del rey.
NOTA: En plural: virreyes f:virreina

virrey

 
m. El que con este título gobierna en nombre y con autoridad del rey.
Traducciones

virrey

viceroy

virrey

viceré

virrey

总督

virrey

總督

virrey

Viceroy

virrey

総督

virrey

총독

virrey

SMviceroy
Ejemplos ?
Por parte de Don Diego de Portugal mi Corregidor de la Ciudad de Santiago de Guayaquil de esas provincias, se me ha hecho relación, que siendo la Ciudad de San Gregorio de Puerto Viejo del distrito del dicho Corregimiento; y aviendo sus antecesores nombrado en ella Tenientes para la administración de la justicia, los Virreyes que an sido de esas provincias de algunos años a esta parte se an entrometido a proveer en ella (los Tenientes)...
Que muchos de los capitanes que acompañaron a Pizarro en la conquista, así como los gobernadores de Vaca de Castro y La Gasca, y los primeros virreyes Nuñez de Vela, marquez de Cañete y el conde de Nieva, distrajeron sus ocios en las peripecias de un partida, no es cosa que llame la atención desde que el primer arzobispo de Lima fue vicioso en el juego del ajedrez, que hasta llego a comprometer, por no resistirse a tributarle culto, el prestigio de las armas reales.
La palabra vítores (cuide usted, señor cajista, de esdruju- lizarla) estuvo de moda en el Perií, allá ior los tiempos en que los virreyes consignaban en la Memoria ó Relación de mando el temor de (jue Lima se convirtiera en un gran claustro, tan crecido era el número de sacerdotes y monjas.
Por cuanto Martín de Porras, Procurador General de la Ciudad de Santiago de Guayaquil, en nombre del Cabildo, Justicia y Regimiento, presentó ante mí, ciertas ordenanzas que se habían hecho para el buen gobierno y regimiento de la dicha Ciudad atento a que las que salían de los Señores Virreyes, mis predecesores se les habían quemado en el incendio general que había habido en la dicha Ciudad y me pidió y suplicó en el dicho nombre las mandase ver y confirmar para que el dicho Cabildo, Justicia y Regimiento las guardase y cumpliese, para cuyo efecto hice las ordenanzas siguientes: DE LA COSTUMBRE Y REGLA EN EL PASO DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO POR LA PLAZA DE ARMAS.
Ítem, se ordena y manda que los indios no tengan arcabuz en sus pueblos ni fuera de ellos, aunque sean Caciques Principales, si no fuere con especial licencia de Su Majestad y de quien en su Real Nombre la pueda dar, que se entienda Audiencia de Virreyes, so pena de perdidas.
Las herederos ó sucesores ocurrían al trono por conducto de los virreyes, y éstos proveían entre tanto la prosecución del título, previo el pago de la media anata, con lo que des- de luego entraban en posesión, sin exigírseles otros derechos, ni bajo el carácter de voluntarios.
Este providencia se extendió á la América, por real cé- dula de 8 de Marzo de 1787, autorizándose á los virreyes para otorgar aquél, en razón á la distancia, y sin necesidad de voto consultivo de las Audiencias.
Me había internado al interior de Paucartambo, y al estar sentado en una de las ruinas más célebres contemplando a mi alrededor ese panorama sublime, que sólo posee el país de los virreyes, me sobrevino una especie de vértigo, un éxtasis, en el cual los misterios de la Naturaleza se desviaban ante mi vista; las vibraciones del Gran Todo se confundían en mí encontrándome así simple microcosmo, en relación con el macrocosmo.
Lo ratifican las reacciones de los virreyes en que disponen tardíamente que se reparta la tierra entre los naturales y que se otorgue el mismo beneficio a las castas.
Aunque la Capitanía General de Chile estuvo siempre baja la jurisdicción de los virreyes del Perú, los títulos que en esa región se crearon, y que no excedieron de diez, no se con- sideraron en los registros de la Audiencia de Lima ni en el Nobiliaric del Perú.
El simplismo histórico tiende a formar un sistema mental completamente falso y del cual está embebida la historia. Se cree que los gobernadores hacían y deshacían, que los virreyes eran obedecidos fuese cual fuese su resolución.
El heredero de adelantados y virreyes puede ser soldado sin nombre en una legión de desesperados y de bandidos; puede ser aventurero en tierras vírgenes, matando para vivir; puede hasta presenciar impávido el naufragio de su nombre y su historia ante la mesa de un tribunal...; ;pero vivir de la compasión de los amigos!...