viejito

Traducciones

viejito

/a SM/F (LAm)
1. (= anciano) → old person
2. (= amigo) → friend
Ejemplos ?
El sombrerero se volvió y asintió con la cabeza, pero siguió ocupado con su té y su pan con mantequilla. --¿Lo pasaste bien en la cárcel, viejito querido?
¡Si allá en la tierra no ti amasé fue porque no pude, pero aquí sí chupás!". "¡No se fije en yo, viejito; fíjese en lo que viene por aquel lao!
Quién sabe si hay una niña que se parezca a Nené! Un viejito que sabe mucho dice que todas las niñas son como Nené. A Nené le gusta más jugar a "mamá", o "a tiendas", o "a hacer dulces" con sus muñecas, que dar una lección de "treses y de cuatros" con la maestra que le viene a enseñar.
¡Cien años tenía el libro, y no le habían salido barbas!: Nené había visto un viejito de cien años, pero el viejito tenía una barba muy larga, que le daba por la cintura.
Parecían mismamente el taita y el hijo. El uno era un viejito con los cachetes muy sumidos, ojitriste él, de barbitas rucias y cabecipelón.
"Tú eres Pepito mío, viejito amado, El papacito tierno, bello, adorado En la cabeza llevas tú la blancura, Y en el cano bigote y en tu alma pura.
Bebé se acuerda de lo que dice el criado viejito, que la gente le habla así a mamá, porque mamá es muy rica, y que a mamá no le gusta eso, porque mamá es buena.
Como Dios li ayudó les puso el comistraje. Y nada desganao qu'era el viejito; el mozo sí no comió cosa. A Peralta ya no le quedó ni hebra de duda que aquello era un milagro patente; y con todito aquel contento que le bailaba en el cuerpo sargentió por todas partes, y con lo menos roto y menos sucio de la casa les arregló las camitas en las dos puntas de la tarima.
Nada te puedo contar ahora, dijo la Arroyera, pues se me anda la vedera y ya me voy por echar. Apuráte por favor: vamos ligero, viejito, y lleguemos, hermanito, a lo del Restaurador.
Detrás está la tienda del kabila, que lleva a los viajes: el pollino se revuelca en el polvo: el hermano echa en un rincón la silla de cuero bordado de oro puro: el viejito a la puerta está montando en el camello a su nieto, que le hala la barba.
—¿Qué pasa? —Inquirió Luzardo. —Que se nos ha quedado el viejito en tierra. Regresó el bongo al punto de partida. Puso de nuevo el patrón rumbo afuera, a tiempo que preguntaba, alzando la voz: —¿Con quién vamos?
A poco la chocolatera de barro, acariciada por dos lenguonas rojas que la lamían por los flancos, cantaba en delicioso gorgoreo, en tanto que el tiesto encaramado en las tres piedras, se estremecía rabioso, al sentir en sus abrasadas concavidades la frialdad de aquella masa que se le pegaba como una ventosa; pues primero se cortara la cabeza señá Vicenta que dejar al "viejito" sin su arepa caliente al desayuno.