venerable


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venerable

1. adj. Que es digno de veneración aspecto venerable; venerable anciano. honorable
2. Se aplica como epíteto a las personas de conocida virtud.
3. s. m. y f. RELIGIÓN Primer título que la Iglesia católica concede a los que mueren con fama de santidad.
4. s. m. Presidente de una logia masónica.

venerable

 
adj. Digno de veneración, de respeto.
adj.-com. catol. Díc. del primer título que la Iglesia concede a los que mueren con fama de santidad.

venerable

(bene'ɾaβle)
abreviación
que merece respeto y admiración un juez venerable
Sinónimos
Traducciones

venerable

vénérable

venerable

Venerável

venerable

الجليلة

venerable

Вековни

venerable

Ærværdige

venerable

오래된

venerable

ADJvenerable
Ejemplos ?
A Hebe, hija del poderoso Zeus y de Hera de doradas sandalias, el bravo hijo de Alcmena de bellos tobillos, el fornido Heracles, al término de sus penosos trabajos, la hizo su venerable esposa en el nevado Olimpo.
Ante esta tradición rutinaria, la “venerable” decía el ya mencionado Bello, surgida por imitación de las Gramáticas griegas, y más, latinas, ¡tiempos distintos a los nuestros!, poco a poco, en determinadas épocas y por autores específicos, fue desarrollándose una especie de “disidencia” y hasta “subversión”, tal cual ha pasado en todas las transformaciones de la historia.
El pueblo reverenció la presencia de Bruto, y en lo venerable de su aspecto detuvo el ímpetu, obediente a la inquietud de las novedades; y contra el orgullo natural de la multitud junta, oyeron su razonamiento con grande silencio.
Y viendo Antonio con estas palabras precipitada la ciudad a las honras del difunto y al castigo de los malhechores, sacando la vestidura de César, que traía consigo, llena de sangre y horrible con las muchas heridas, descogiéndola al pueblo, añadió tales razones: -Ésta es la toga que en César fue venerable y en mis manos es horror escandaloso; en ella sus venas, que fueron aclamación del mundo, son manchas: no permitáis que se pasen a vuestra honra.
Cuando llegué a la cabaña, até el caballo a un árbol y llamé a la puerta de la ermita. La abrió un religioso de rostro venerable, que me abrazó con paternal ternura, y me dijo: –Entrad, hijo mío, daos prisa.
Respetuosamente la denominó la “venerable” Sin embargo, aún antes, desde el siglo XVI ya existían indicios de descontento y al margen de la gramática tradicional, fueron publicándose otras “gramáticas” que se separaban rechazando y atacando a la venerable rutinaria.
Me dirigí a su domicilio con casi la certidumbre que aquel señor me daría la dirección de un anónimo suyo, habitante de un barrio apartado, refugiado en una choza humilde de ermitaño, envuelto en una túnica larga, acariciando una barba blanca y venerable.
Al llegar el siglo XX, el triunfo avasallador de la Lingüística y sus diversas escuelas, causa el derrumbe de la venerable que ante ello busca actualizarse y reconoce lo insostenible de muchos de sus puntos de vista.
Siendo públicos e ineludibles los deseos de independencia del Gobierno Español que por escrito y de palabras ha manifestado el pueblo de esta capital: recibidos por el último correo diversos oficios de los Ayuntamientos constitucionales de Ciudad Real, Comitán y Tuxtla, en que comunican haber proclamado y jurado dicha independencia excitan a que se haga lo mismo en esta ciudad: siendo positivo que han circulado iguales oficios a otros ayuntamientos: determinado de acuerdo con la excelentísima diputación provincial, el Ilustrísimo Señor Arzobispo, los señores individuos que diputasen la Excelentísima Audiencia Territorial, el venerable señor Deán y Cabildo Eclesiástico...
El señor Dean Doctor Don David Letona, hallándose en la Iglesia Catedral el Ilustrísimo Señor Obispo Diocesano con el Venerable Cabildo, ofició la misa en acción de gracias al Todopoderoso por conservarnos en el goce de nuestra libertad política; de esa valiosa joya que los salvadoreños jamás arrancaran de la frente de la patria.
Lo que le debemos los que en España le comunicamos, son estudios muy felices, con verdadero conocimiento y uso provechoso de las lenguas griega y latina, de que sus obras, detenidas en su modestia, serán más venerable testimonio.
Uno de ese ambo surgía de una conversación mantenida en 1936 con su venerable deudo, General Visillac, mientras, sin otro objeto que pasear, recorría con éste las calles de la Unión.