veleta


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veleta

1. s. f. Pieza giratoria, en general metálica y de formas diversas que, colocada en lo alto de un edificio, es movida por los vientos, mostrando así la dirección de éstos.
2. coloquial Persona inconstante, voluble o mudable es un veleta, tan pronto está simpático como enfadadísimo.
3. PESCA Plumilla o señal que los pescadores de caña ponen sobre el corcho para saber cuándo pica el pez, o boya que se usa con esa finalidad.
4. MILITAR Cinta o banderola de la lanza de los lanceros de caballería.

veleta

 
f. meteor. Pieza giratoria que colocada en lo alto de un edificio sirve para indicar la dirección del viento.
Plumilla que los pescadores de caña ponen sobre el corcho para conocer cuándo pica el pez.
com. Persona inconstante y mudable.

Veleta

 
Pico del S de España (prov. de Granada), en Sierra Nevada; 3 392 m.
Sinónimos

veleta

cosustantivo masculino
Traducciones

veleta

vejrhane

veleta

Wetterfahmne

veleta

girouette

veleta

風見鶏

veleta

vėtrungė

veleta

værhane

veleta

wiatrowskaz

veleta

vetrnica

veleta

vindflöjel

veleta

风向标

veleta

A. SF
1. [de edificio] → weather vane, weathercock
2. (Pesca) → float
B. SMF (= persona) → fickle person, weathercock
Ejemplos ?
Sería entonces una encubridora, y no una centinela: sería una veleta, y no un cimiento; perdería la confianza que inspira, y el respeto que merece.
La vasija de afeitar. 35. Arados. 36. La enfermedad. 37. Los pantalones. 38. Veleta. 39. Elena-morado. 40. Madre. 41. Las lenguas.
-Es tan hermoso como una veleta -observó uno de los miembros del Concejo que deseaba granjearse una reputación de conocedor en el arte-.
Se rió y tocó la cuerda; hizo mover la roldana. Y la roldana gimió como una vieja veleta cuando el viento ha dormido mucho. —¿Oyes?
Esclavo de un amor que me encadena, sucumbo otra vez en mis giros de veleta y ninguno de los cuatro escurridizos vientos, lastimados en su treta de refrescos, puede hacerme recobrar el movimiento.
Las cigüeñas cuelgan su nido en la veleta de la torre; los vencejos en el ala de los tejados; las golondrinas en los doseles de granito, y el búho y la lechuza escogen para su guarida los altos mechinales, desde donde en las noches tenebrosas asustan a las viejas crédulas y a los atemorizados chiquillos con el resplandor fosfórico de sus ojos redondos y sus silbos extraños y agudos.
Creí que habías muerto; te veía en el fondo del mar, sepultado en el fango. ¡Cuántas noches me levanté para ver si la veleta giraba!
Volaron las tejas, pero la veleta se mantenía firme, sin girar siquiera; no podía hacerlo, a pesar de que era joven y recién fundida; pero era prudente y reposada como un viejo.
No se parecía a las atolondradas avecinas del cielo, gorriones y golondrinas, a las cuales despreciaba («¡esos pajarillos piadores, menudos y ordinarios!»). Las palomas eran grandes, lustrosas y relucientes como el nácar; tenían algo de veleta, más eran gordas y tontas.
Todos sus pensamientos se concentraban en llenarse el buche - decía la veleta -; y su trato era aburrido, además. También la habían visitado las aves de paso, contándole historias de tierras extrañas, de caravanas aéreas y espantosas aventuras de bandidos y aves rapaces.
Las madres limeñas no quisieron ser menos que las potosinas, y casi todos los muchachos nacidos hasta fin de ese siglo tuvieron por patrono a San Nicolás de Tolentino. Pero la moda, que es hembra muy veleta, después de un cuarto de siglo había pasado, y eso no traía cuenta a los agustinos.
La primera vez resultó nuevo e interesante, pero luego observó la veleta que se repetían, qué siempre decían lo mismo, y todo acaba por aburrir.