Ejemplos ?
—Silencio —dijo el juez—, ya estás afeitado a la federala, sólo te falta el bigote. Cuidado con olvidarlo. Ahora vamos a cuentas. ¿Por qué no traes divisa?
—Pobre diablo: queríamos únicamente divertirnos con él y tomó la cosa demasiado a lo serio —exclamó el Juez frunciendo el ceño de tigre—. Es preciso dar parte, desátenlo y vamos.
El señor comisario, como quien despierta de un dulce sueno, los miró y miró al delincuente y a todos los que alderredor estaban, y muy pausadamente les dijo: “Buenos hombres, vosotros nunca habíades de rogar por un hombre en quien Dios tan señaladamente se ha señalado; mas pues é nos manda que no volvamos mal por mal y perdonemos las injurias, con confianza podremos suplicarle que cumpla lo que nos manda, y Su Majestad perdone a este que le ofendió poniendo en su santa fe obstáculo. Vamos todos a suplicalle.” Y así bajó del púlpito y encomendó a que muy devotamente suplicasen a Nuestro Señor tuviese por bien de perdonar a aquel pecador...
Pero ya que eres tú quien me lleva, a ti te incumbe defenderme, porque no confesaré que voy sin invitación; diré que eres tú quien me has convidado. -Somos dos, respondió Sócrates, y uno u otro encontrará lo que habrá que decir. Vamos, pues.
-¡Caminos, canales y puertos! -voceó el Capitán-. ¡Vamos señora, no diga usted simplezas! ¡Usted trabajar! ¡Trabajar con esas manos tan bonitas, que no me cansaba de mirar cuando jugábamos al tute!
Así, pues, vamos a almorzar; luego jugaremos al tute; y, a la tarde, cuando venga el Marqués, le preguntaremos si quiere ser padrino de nuestra boda; cosa que el buen señor está deseando, en mi concepto, desde la primera vez que nos vio juntos.
-¡Apriete usted! ¡Apriete usted! ¡Así me gusta! ¡Al fin vamos a pelearnos una vez! -¡Un desagradecido! -¡Eso no, caramba! ¡Eso no!
—Sí. —¿Muy desfigurada? —No mucho, ¿crerás?¡Ven, vamos a ver! Entramos en la sala. A pesar de la lividez de mis sienes, de las aletas de la nariz muy tensas y las ventanillas muy negras, mi rostro era casi el mismo que Luis esperaba ver durante horas y horas desde la esquina.
Y de un modo tan agresivo hubieron de mirarse los dos viejos, que comprendiendo yo que en breve íbamos a tener que tocar el pito de carretilla, dejé el burlaero desde el cual sin ser visto acababa de oír el pintoresco diálogo, y colocándome entre ambos respetables contendientes, exclamé con voz la más ronca de mi reducido repertorio: -Vamos a ver si tenemos una miajita de quinqué y otra miajita de miramiento y otra miajita de lo que Dios manda y reparte.
Pinochet: -Una vez bombardeada la asaltamos con el Buin y con la Escuela de Infantería. Hay que decirle a Brady. Carvajal: -Vamos a esperar que evacuen los edecanes y los Carabineros. Pinochet: Conforme.
En esta dichosa conjunción del tiempo y los destinos, arrancamos. Desde media hora atrás vamos corriendo el tren 248. Mi máquina, la 129.
Hace catorce años que nos hemos casado, de manera que ya las esperanzas... ¡Qué se le ha de hacer! No es uno quien dispone estas cosas... Vamos, no te pongas así, Julio, hijo mío... Alégrate.