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Ejemplos ?
Mil gritos, mil sollozos, mil blasfemias llenaron los ámbitos de la prisión. Todo hombre que va a morir suele aferrarse a una idea cualquiera y no abandonarla más.
- Sepa V. -me dijo- que el Jefe se va al infierno de vez en cuando, y no vuelve hasta que se le antoja. Ello es que nosotros no sabemos nada de lo que hace durante sus largas ausencias.
El señor Secretario.- Resultado de la votación: 9 votos por la afirmativa, 9 por la negativa, 1 abstención y 2 pareos. El señor Alessandri Palma (Presidente).- Se va a repetir la votación, pero antes quiero retirarme de la Sala.
-se apresuró a decir la enferma con amoroso acento -me he puesto mala yo sola... Ya se me va pasando... El Capitán estaba rojo de indignación y de vergenza.
—¡A Matasiete el matahambre! —Allá va —gritó una voz ronca, interrumpiendo aquellos desahogos de la cobardía feroz—. ¡Allá va el toro!
¿Del mismo Sócrates? -¡No, por Júpiter!, le contesté, de un tal Aristodemos de Kydaethenes, un hombrecito que siempre va descalzo.
Este la atajó en mitad de su camino gracias a la más larga de sus muletas que extendió horizontalmente hasta la pared, como un gladiador que se va a fondo, y entonces exclamó con humildad inusitada: -¡No se marche usted, por la memoria de aquella que nos ve desde el cielo!
Cuando una va a entrar, ya la otra está yendo hacia la puerta, y nunca el palacio acoge entre sus muros a ambas, sino que siempre una de ellas fuera del palacio da vueltas por la tierra y la otra espera en la morada hasta que llegue el momento de su viaje.
Cogió la madre a su hijo, va con alma, y apretándolo contra un corazón que saltaba de miedo y de ilusión ardorosa, entró con él por los senderos del paisaje.
¿Y a qué tenemos miedo? ¿Al cocón? ¿Qué va a pasar a las diez de la mañana, con este sol de gloria? ¿Por qué no vienes también a Proenza?
Me puse a cavilar. Este hombre (pensé) me va a perdonar la vida; mañana llego a Granada y doy el cante; pasado mañana lo cogen...
-le respondí en alta voz-. Pues ¡mira! va a ser el mes que entra. Parrón se estremeció, y yo también, conociendo que el amor propio de adivino me podía salir por la tapa de los sesos.