Ejemplos ?
En verdad, me hace falta dijo la señora Homais, que bostezaba notablemente; pero no importa, hemos tenido un buen día para nuestra fiesta.
¡Oh, armatostes apolillados, erguidos en medio de la distracción universal! Un buen día el pensador os ve, se ríe y os derriba de un soplo.
Admítase, pues, la herejía (y no es otra cosa) de que un buen día en que Dios se encuentre de mal humor, puede a sí mismo reducir a la nada a la materia.
Pero las semillas son invisibles; duermen en el secreto de la tierra, hasta que un buen día una de ellas tiene la fantasía de despertarse.
En 1732, los indios minuanes que venían hostilizando de tiempo atrás a Montevideo, se presentaron un buen día, por medio de una delegación encabezada por el cacique Tacú, para hacer buenas paces.
Hoy ya han pasado – según cálculo ajeno – de doscientos los Tratados de Arbitraje formalizados entre Estados de las Américas y ese solo hecho que por su elocuencia pacifista significativa hizo exclamar un buen día en acto solemne al famoso jurista y Canciller estadounidense Evans Hughes: “¡América, hemisferio de la paz!”, puede y ahora debe recibir esta acotación marginal de interés patriótico: Uruguay – nuestro Uruguay –ha sido, hasta hace poco, - parece que ya quiere dejar de serlo – un campeón absoluto en el Continente, de la limpia y noble fórmula de arbitraje amplio; y muchos, multitud de Tratados suscritos y vigentes con países de todo el orbe nos aseguran la posesión de un honroso título.
Por ello, un buen día le comunicó a su esposa el fijo pensamiento enaltecedor que lo inquietaba y ella, llena de comprensión, estuvo de acuerdo: Se retiraría a algún lugar del bosque y allí se disciplinaría.
Ocurrió que, a comienzos de la primavera, un notario de Ingouville, que tenía fondos de la viuda Dubuc, se embarcó un buen día, llevándose consigo todo el dinero de la notaría.
Esta había tenido un buen día, tan bueno que por primera vez después de quince días no hubo esa noche subida seria de fiebre, y aunque me quedé hasta la una por pedido de Ayestarain, tuve que volverme a casa sin haberla visto un instante.
Y si yo sé de una flor única en el mundo y que no existe en ninguna parte más que en mi planeta; si yo sé que un buen día un corderillo puede aniquilarla sin darse cuenta de ello, ¿es que esto no es importante?
No pocos de los vapores que un buen día no llegaron a puerto, han tropezado en su camino con uno de estos buques silenciosos que viajan por su cuenta.
Pero un buen día se dio cuenta de que el monedero no estaba cerrado, por lo que se asomó a la abertura, para echar una mirada al exterior.