turbarse

turbarse

(tuɾ'βaɾse)
verbo pronominal
quedarse confundido alguien Se turbó, no sabía qué decir o hacer.
Traducciones
Ejemplos ?
DOÑA BERNARDA ¡Plega a Dios que yo me engañe! Santillana, haceldo ansí; que el turbarse, y no saber desenvolverse al sangrar, me ha dado que sospechar.
¡Oh, quién te acompañara!, y ese mundo feliz que habitas hora contigo disfrutara, y la paz seductora que, sin turbarse, en él eterno mora.
El dueño de las Termas-altas vivía con sus rentas, es decir, con sus bañistas. Presidía la mesa; oía las murmuraciones de los enfermos sin turbarse, sin...
Él, sintiéndose tan frió de bolsa cuanto estaba caliente del estomago, tomóle tal calofrío que le robó la color del gesto, y comenzó a turbarse en la plática y a poner excusas no válidas.
Aquí fue el gritar del pueblo, aquí el amohinarse el tío alcalde, aquí el desmayarse Preciosa y el turbarse Andrés de verla desmayada; aquí el acudir todos a las armas y dar tras el homicida.
-Pues lo que es la coplilla es de las que se las traen -exclamó Lola, siempre sonriendo maliciosamente y haciendo turbarse de nuevo al cantaor y enrojecer de nuevo a la de Porcelana.
Aquí está, señor, miradla.» Expuso a la regia vista una gruesa bala de oro que en la escarcela traía, continuando, sin turbarse, con gracejo y con malicia: «Gran señor, fundí esta bala para daros muerte digna, si en el combate de veros se me lograba la dicha.
Poco sabía, o no sabía nada la Provenzalli de los ritos católicos, ni de las condiciones que para celebrar el sacramento del matrimonio se requieren; y así, empezó a turbarse con la presencia y las palabras de los testigos, y ya sospechaba si aquel matrimonio sería más verdadero de lo que convenía, para no tener que ver luego con la justicia.
Sin turbarse, le replicó el fuerte Diomedes: — Erraste el golpe, no has acertado: y creo que no dejaréis de combatir, hasta que uno de vosotros caiga y sacie de sangre a Ares, el infatigable luchador.
Así los teucros tendrían un respiro en sus males, pues te temen como al león las baladoras cabras. Sin turbarse le respondió el fuerte Diomedes: — ¡Flechero, insolente, únicamente experto en manejar el arco, mirón de doncellas!
Dijo; y mirando con torva faz al divino Héctor, le gritó: —¡Acércate para que pronto llegues de tu perdición al término! Sin turbarse le respondió Héctor, el de tremolante casco: —¡Pelida!
Examinada al día siguiente por los jueces, declaró que el homicida no podía ser otro que el rey, a quien había descubierto por el bien conocido crujido de sus rodillas. Pedro oyó la acusación sin turbarse y sin contradecir ni ultrajar a la vieja.