Ejemplos ?
¡Aun recordarla me cuesta lágrimas! Decía así: «Al huir de ti, traidora, recibo de ti un mensaje, que es, a fe, el postrer ultraje que me podías hacer.
Ayer, ya vos sabéis por qué camino, hallé fácil al cielo la subida ¡Mentirosa amistad de mi destino! ¡Traidora prevención de la caída!
Las persianas movibles de la cantina se abren repentinamente y dos hombres salen tambaleándose, en zigzag... —Pues si mano... Por esa pena traidora me emborracho... sufro...
No solamente la imita, antes la vence y la adelanta; con oídos abiertos y propicios es recibida y desciende al fondo del corazón, tanto más graciosa como traidora; enséñame como puedo discernir esta semejanza.
En esto mostró buen conocimiento, aunque tardo, pues se dio por muerto sin remedio cuando vio armada contra sí a la ingratitud. Cubriose la cabeza: lo propio hizo Pompeyo cuando vio irremediable su muerte en la espada traidora de Achilas.
¡Huir! ¿Acaso por miedo de que traidora te hicieran a una patria que no es tuya pues no nacistes en ella? ¿Ignoras que esos villanos que ante tu faz se prosternan maldicen allá a sus solas tu noble cuna francesa?
Imposible es libertarse de sus tretas y asechanzas; las más justas esperanzas no llegan a realizarse. Con negra intención traidora y de su toga al amparo, piensa el golilla en Genaro: mas Valentina le adora.
Siento vértigos, pero he de dominarme. Mi cabeza gira, pero no puedo descuidarme, ¡traidora! Tengo que seguir tus movimientos para evitar que me muerdan tus dientes de acero, para impedir que me aprisionen tus dedos de hierro … ¡Tres largas horas todavía …!
DOÑA ANA Una noche infausta, en fin, que ésta traidora infïel estaba hablando con él por la reja de un jardín, llegó mi amante, y por ser, para más desdicha mía, la parte donde solía hablar conmigo, a creer se persuadió sus recelos, sin preguntar ni inquirir, que hasta en el no discurrir son ignorantes los celos; conque loco y temerario con su enemigo embistió, y a poco rato quedó mal herido su contrario.
Sí, loco, ¡vive Dios!, pues ya no veo lo que hay delante de mi vista ansiosa, ni mi mano incapaz es poderosa de trazar mi recóndito deseo.» Y con el mudo mármol encarándose, el cabello y la faz, dijo, mesándose: «¿Por qué, piedra traidora, lo que sin entusiasmo hice mil veces con más profunda inspiración ahora te marca mi cincel, no lo obedeces?
Yo, entre tanto, junto al mar, esperaré tu venida y en un eterno esperar se me pasará la vida. Vida traidora, por quien todo este Sueño se muere, si no te hice ningún bien, ¿por qué tu mano me hiere?
DOÑA ANA Pues, don Juan, para que sepas la verdad de todo el lance y contigo no padezca mi honor, ya que tu mudanza desengañada me deja, sabe, en fin, cómo don Diego de Guevara, con promesas y dádivas, granjeó una criada porque fuera medianera de un amor que en mi desprecio fue ofensa; esta desleal traidora fue la que habló por la reja con él cuando tú llegaste.