torero


También se encuentra en: Sinónimos.

torero, a

(Del lat. taurarius.)
1. adj. OFICIOS Y PROFESIONES, TAUROMAQUIA Del toreo o de las personas que lidian toros aire torero; sangre torera.
2. s. TAUROMAQUIA Persona que lidia toros en las plazas el público aplaudió la faena del torero. diestro
3. coloquial Persona que hace las cosas con habilidad y maestría.

torero, -ra

 
m. f. taur. Persona que por oficio o afición acostumbra torear.

torero, -ra


abreviación
bullfighting relacionado con el arte o técnica de lidiar con toros o con quienes la practican Mostró su coraje torero en lo peor de la corrida.

torero, -ra


sustantivo masculino-femenino
bullfighting persona cuyo oficio es lidiar con toros La actividad de los toreros es muy arriesgada.
Sinónimos

torero

, torera
sustantivo
lidiador, maleta (desp.), diestro, espada, matador.
Torero es forma general que designa la persona que se dedica profesionalmente a la lidia de toros. Lidiador se dice cuando torea en ocasiones determinadas. Maleta cuando se quiere hacer referencia a un mal torero. Diestro, espada y matador se utilizan cuando se trata del jefe de una cuadrilla de toreros, que es el que mata al toro con la espada.
Traducciones

torero

toreador

torero

torero

torero

闘牛士

torero

/a SM/Fbullfighter
hacer una de toreroto say sth completely off the point
V tb torera
Ejemplos ?
Una bella voz, un imperturbable aplomo, más temperamento que inteligencia y más énfasis que lirismo acababan de realzar aquella admirable naturaleza de charlatán, en la que había algo de barbero y de torero.
Total, que se fue el Moreno con su pana, y que yo me fui a la presidencia y me quité la montera y que el viajante me dijo: -Es usté más torero que el que vive tan cerca de la Mezquita.
Yo, desde aquel punto y hora, perdí la chaveta y los papeles y empecé a tirarle er cerote a aquella maravilla, y ya te arruyo por aquí, ya te arruyo por allí, y como dice bien la copla «que una piedra se quebranta a juerza de darle golpes», lo que pasa, se ablandó una miajita y púe platicar una noche con ella, y platicando, platicando, me dijo que ella había ensoñao que había de casarse con un torero y no con uno de los de chaira; que yo le jacía una miajita de clase y que era un dolor que yo no fuese banderillero tan siquiera.
Se puede tener musa con la muleta y ángel con las banderillas y pasar por buen torero, pero en la faena de capa, con el toro limpio todavía de heridas, y en el momento de matar, se necesita la ayuda del duende para dar en el clavo de la verdad artística.
El torero que asusta al público en la plaza con su temeridad no torea, sino que está en ese plano ridículo, al alcance de cualquier hombre, de jugarse la vida; en cambio, el torero mordido por el duende da una lección de música pitagórica y hace olvidar que tira constantemente el corazón sobre los cuernos.
Hasta 1818 no se dio en este siglo corrida en la ciudad de los reyes y lugares de diez leguas a la redonda en cuyos preparativos no hubiera intervenido fray Pablo, ni hubo torero que no le debiese utilísimas lecciones y muy saludables consejos.
No la vi yo, por supuesto, en el pleno ejercicio de sus funciones de capeadora de a caballo; pero en su elogio oí decir a un viejo casi lo mismo que, hablando del torero Casimiro Cajapaico, escribe el señor marqués de Valleumbroso en su libro Escuela de caballería conforme a la práctica observada en Lima : -Esa china merecía estatua en la plaza de Acho.
El toro tiene su órbita; el torero, la suya, y entre órbita y órbita un punto de peligro donde está el vértice del terrible juego.
Mirad, mirad aquel clown en brazos de alta señora; ved aquí, esta labradora bailar con un infanzón. Allá, marcha un mosquetero con una monja del brazo; mirad, en estrecho lazo, una reina y un torero.
El tal cambió su gallo a un zapatero por unos estivales de badana, y el zapatero lo pasó de mano, por copas, a un torero sevillano.
Entre los toros que allí se probaron hubo uno bautizado con el nombre de Relámpago y oriundo de los montes de Retes. El torero Lorenzo Pizí le sacó algunas suertes, y en el canto de una uña estuvo que el animal lo despanzurrara.
Y es que, entre medio muerto y medio vivo, con honda pena, o con horror interno, vio entrar con el torero de Sevilla al emigrado que le dio papilla.