Ejemplos ?
El camino más fácil para obispar era, sin disputa, mezclarse en alguna intriga po- lítica; porque averiguada cosa es que nada lleva tan pronto á la horca y á todos los altos puestos, como tomar cartas en ese enmarañado juego.
¡Ladrón! Había llegado la lucha civil a un grado intolerable, y el propietario resolvió tomar cartas en el asunto. Avisó a la policía y acompañado de un comisionado, conminó a los del segundo patio con las más enérgicas medidas en caso de que siguieran los desórdenes.
La autoridad española, quo no podía consentir en que el desorden aumentara en proporciones, se resolvió a tomar cartas en la querella, amén de que el poderío de los caciques más era nominal que efectivo; pues a la política de los conquistadores convenía aún dejar subsistentes los cacicazgos y demás títulos colorados, rezagos del gobierno incásico.
Champon, el Jefe de la «Guardia Urbana», que se encontraba en el «French and English Hotel», resolvió tomar cartas en el asunto y dispuso que la Guardia saliera.
Hasta el Santo Oficio de la Inquisición tuvo que tomar cartas en protección de Santiago, prohibiendo por un edicto que se cantase la Pava, cancioncilla indecente de la plebe, en la cual Cárdenas servía de pretexto para herir la honra del prójimo.
Y se disolvieron los grupos, sin que la gendarmería hubiese tenido para qué tomar cartas en esa manifestación plebiscitaria, y cada prójimo entró en casita diciendo para sus adentros: -En verdad, en verdad que no se debe juzgar de ligero.
Y no lo digo por la abundancia de fundaciones, ni por la suntuosidad de las fiestas, ni porque los ricos dejasen sus fortunas a los conventos, empobreciendo con ello a sus legítimos herederos, ni porque, como lo pensaban los conquistadores, todo crimen e inmundicia que hubiera sobre la conciencia se lavaba dejando en el trance de morir un buen legado para misas, sino porque la Iglesia había dado en la flor de tomar cartas en todo y para todo, y por un quítame allá esas pajas le endilgaba al prójimo una excomunión mayor que lo volvía tarumba.
Un deber de amistad me obliga a tomar cartas en este juego, si no para vindicar completamente ante el público a la familia del buen Guerrilla, para dejar, al menos, las cosas en su verdadero terreno.
En veinticuatro horas se alborotó tanto el gallinero, que los varones, empezando por los formalotes oidores de la Real Audiencia y concluyendo por el último capigorrón, tuvieron que tomar cartas en el asunto.
Apenas llegó a Lima la noticia de que en Potosí se había armado la gorda, cuando nuestros casados de real orden abandonaron a las conjuntas, y se fueron a tomar cartas en la jarana.
Una pulmonía doble, de esas que no perdonan, atacó de improviso á Capistrano; y cinco galenos, en junta, declararon que la enfermedad era tan incortable como un solo de espadas con cinco matadores, salvo un renuncio, obra de la Providencia. Pero, como ésta no quiso tomar cartas en el juego, tuvo el paciente que emprender viaje al otro barrio.
Pero el diablo, que a lo que parece no se encontraba satisfecho de su obra, sin duda con el permiso de Dios, y a fin de hacer purgar a la comarca algunas culpas, volvió a tomar cartas en el asunto.