tisú


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tisú

(Del fr. tissu, tejido.)
s. m. TEXTIL Tela de seda entretejida con hilos de oro o plata.
NOTA: En plural: tisúes

tisú

 
m. Tela de seda entretejida con hilos de oro o plata que pasan desde el haz al envés.

tisú

(ti'su)
sustantivo masculino
1. ropa seda entretejida con hilos de oro y plata un traje con tisú oro
2. pañuelo de papel Se sonó la nariz con un tisú.

tisú

(ti'su)
abreviación
que está hecho de un papel absorbente y de bajo gramaje Los pañuelos descartables son de papel tisú.
Sinónimos

tisú

sustantivo masculino
pañuelo, kleenex (marca registrada).
Traducciones

tisú

SM (tisús (pl)) (= tela) → lamé; (= pañuelo) → tissue
Ejemplos ?
El rey bajó del palanquín y yo del carro, y nos saludamos y abrazamos con mutua cordialidad. La túnica del rey era de tisú de oro, bordada de seda de mil colores.
En el invierno usaba antiguos jubones de terciopelo abrochados hasta el cuello y sayas de tisú acolchadas, o de una tela fuerte que formaba al andar un ruido seco que desde lejos venía diciendo: «Ya llega doña Isabel Salgado y Peñaranda, la gran señora, noble por los cuatro costados, y de pura sangre azul».
¡Si alzándote una vez, Aun te pluguiera ostentar La perdida esplendidez, Y quisieras tu hediondez Con tu vida engalanar; Y prendieras en tu frente Unos cabellos postizos Que en madeja reluciente Cayeran confusamente En mil perfumados rizos; Y el esqueleto sonoro Velaras altiva tú Con minucioso decoro Entre nácar, perlas y oro Y entre crujiente tisú; Cubrieras el seco cuello Entre las flotantes plumas, Los collares y el cabello, Velos echando sobre ello Tan sutiles como espumas; Y el repugnante mohín Da tu inmoble rostro viejo, Con esa risa sin fin Asomaras a un festín, Tomándole por espejo!
El lamentable incendio del teatro del Globo, acontecimiento debido, dicho sea de paso, a ese entusiasmo por la ilusión escénica que distinguía la dirección de Shakespeare, por desgracia, nos ha despojado, de un número de documentos importantes; pero en el inventario, que todavía existe, del guardarropa de un teatro en Londres coetáneo de Shakespeare, se hace mención de trajes especiales para cardenales, pastores, reyes, payasos, frailes y bufones; cotas verdes para los hombres de Robin Hood y un vestido verde para lady Marian; un jubón blanco y dorado para Enrique V y un traje para Longshanks, y, además, sobrepellices, capas, vestidos de damasco y de tisú de plata y oro...
Según dicha real cédula, el Cabildo debía ajustarse al siguiente presupuesto: Pesos - Cama para el virrey, con colgadura de damasco, sábanas y almohadas guarnecidas de encajes y sobrecama de medio tisú 1.400 - Dos vasos de plata para uso ordinario 180 - Escribanía de plata 170 - Carruaje 3.000 - Tiro de caballos con herrajes y arneses 1.725 - Música...
La joven Bruja, con su roja cabellera al viento, llegó la última de todas. Vestía un traje de tisú de oro, bordado con ojos de pavos reales, y un pequeño birrete de terciopelo verde en la cabeza.
¡Cuánta envidia vas a darles cuando sepan que me salvaste la vida en aquel barullo infernal!... Mas, permite que antes me despoje de estas joyas, y cambie este pesado tisú con un vestido de gasa.
Allí viviréis tranquilos, En alcázares de luz, Con los ángeles que velen Por vuestra santa quietud; En pabellones de estrellas Alfombrados de tisú, Libres de ingratos recuerdos De la desdicha común; Porque al abrirse las puertas Del misterioso ataúd, Hallan paz, vida y contento Los que mueren como tú.
No acertaría a decir lo que era un carnaval en aquellos tiempos de gozo, en que buscábamos para las comparsas y sus disfraces los arreos de nuestros antepasados, los tricornios mugrientos que habían corrido la tuna, las casacas moradas que habían asistido al recibimiento de la Reina María Luisa, las chupas de raso bordadas con guirnaldillas de rositas, los enormes relojes competidores de los que sonaban en las torres, los guardapiés de tisú, las pelucas empolvadas, los mil objetos con que hoy comerciaría un anticuario y que nosotros aderezábamos de pintoresca manera, sin otro consejo que el capricho de nuestra desenfrenada fantasía, ni más fin que divertirnos todos, viéndonos los unos a los otros por las calles en una broma continua.
No, blanca reina de la turbia noche, Amiga del cantar del trovador, Tú que refrescas el modesto broche Que a tu luz pliega la silvestre flor; Tú me darás magníficos cantares, Grandes como tu Dios y como tú, Como esos que, del cielo luminares, Orlan los pabellones de tisú.
¿No llevaba alrededor del cuello un collar de ámbar? ¿No iba envuelto en un manto de tisú de oro bordado con estrellas? —Cierto —contestó el leñador—, era como tú dices —y sacó, del arca en donde los guardaban, el collar de ámbar y el manto de oro, y se los mostró.
Este era un rey que tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha del día y un rebaño de elefantes, un kiosko de malaquita, un gran manto de tisú, y una gentil princesita, tan bonita, Margarita, tan bonita como tú.