tez


También se encuentra en: Sinónimos.

tez

s. f. Superficie de la piel del rostro humano tiene la tez muy tersa. cutis
NOTA: En plural: teces

tez

 
f. Superficie del rostro humano.

tez

('teθ)
sustantivo femenino
piel de la cara de las personas un hombre de tez morena
Sinónimos

tez

sustantivo femenino
Traducciones

tez

barva pleti

tez

teint

tez

ihonväri

tez

put

tez

顔色

tez

안색

tez

cera

tez

hy

tez

ผิว

tez

ten

tez

nước da

tez

膚色

tez

SF (= piel) → complexion, skin; (= color) → colouring, coloring (EEUU)
de tez morenadark(-skinned), dusky (liter)
de tez pálidafair(-skinned)

tez

f. complexion.

tez

f complexion
Ejemplos ?
Y el pueblo nuevamente se levantó en armas para la defensa de su suelo que otra vez era pisoteado por hombres de tez clara y ojos azules.
Además, es de una esencia sutil, porque si no no podría extenderse en todos sentidos ni penetrar inadvertido en todas las almas ni salir de ellas si fuera de una sustancia sólida, y lo que sobre todo hace reconocer en él una esencia sutil y moderada es la gracia que, según voz general, le distingue eminentemente, porque el amor y la fealdad están en continua pugna. Como vive entre las flores, no se puede dudar de la frescura de su tez.
Sus labios, encendidos y rojos parecían recortados hábilmente de un paño de púrpura por las invisibles manos de un hada. Su tez era blanca, pálida y transparente como el alabastro de la estatua de un sepulcro.
Veintiséis o veintisiete primaveras podría contar nuestro protagonista, y era de tez morena, grandes ojos de lánguidas y adormecedoras pupilas, con facciones de correcto dibujo, curvas mejillas, donde azuleaba la barba cuidadosamente afeitada, como el bigote; sus labios eran frescos y encendidos; como de marfil su dentadura, algo grande y desigual; su cabello, abundante y sedoso, tan oscuro como sus bien arqueadas y pobladísimas cejas y como sus larguísimas pestañas, desbordaba por bajo el ala del airoso rondeño gris, y era vigorosa y cenceña su figura, que avaloraban ajustado marsellés, ceñidor y pañuelo de raso azul que lucía a guisa de corbata sobre la bordada y blanca pechera de la camisa.
Su aventajada estatura, Serena y magestuosa, (213) Su tez y su barba negra Y el traje con que se adorna Su oriental origen pronto Y á claras voces pregonan.
eunidos en el patio de la casa, que inundaba la luna con sus argentados resplandores y una frondosísima dama de noche llenaba de cálidos perfumes, charlaban animadamente varios de los más caracterizados prohombres del barrio, entre los cuales oficiaba de pontífice máximo el señor Curro el Cotufas -decano de la gente de ácana del distrito-, un casi ochentón de tez rugosa y pelo blanquísimo, el cual en los momentos en que lo sacamos a escena decía a los que lo rodeaban: -Lo que yo sus digo, caballeros, es que lo que ha hecho el Tobi con su chanelo con Joseíto el Carambuco está pidiendo a voces que lo manden no a Ceuta ni a Melilla, ni al Peñón, sino a ca del veterinario a que le ponga dos pares de calzapollos.
Cuarenta y nueve reses estaban tendidas sobre sus cueros y cerca de doscientas personas hollaban aquel suelo de lodo regado con la sangre de sus arterias. En torno de cada res resaltaba un grupo de figuras humanas de tez y raza distinta.
Y enmudeció la Golondrina y se contrajo su bello semblante, aquel semblante suyo en el que Dios había puesto ojos grandes y negros y relampagueantes, y mejillas de delicada curvatura, en las que al hablar marcábanse dos tentadores hoyuelos; boca, si algo rasgada, de labios gruesos y encendidos, de dentadura de marfil, y tez, si morena, tan suave y reluciente como el raso.
Y vuelve a otro lado, y a otro y a otro... Nada se ganaría con ver el color de su tez y la angustia de sus ojos. Ese hombre aún no ha llamado a su hijo.
Y a querer también, hubiera podido vengarse Rosario de su marido, que como dueña y señora que era de su cuerpo gentil y lleno de tentadoras arrogancias, de ojos oscuros, grandes y acariciadores; de pelo rubio y abundantísimo, de tez ligeramente atezada y, además, de una cara llena de ángel y de rocío, de una voz grata y rítmica, fueron muchos y de los de más cartel los mozos del barrio que habíanse dedicado a cimbelearla sin lograr elevar sus pendones en la inexpugnable fortaleza.
Y pensando en la cosa estupenda que podía ocurrir algún día en el portal, sentía el viejo hervirle la sangre, y tal vez hubiérase ido del seguro, a no penetrar en aquel momento en su establecimiento con un quitasol convertido en paraguas por la necesidad, Dolores la Rabicortona, una hembra alta, gallarda, redondeada por la plenitud de la vida, ondulando al andar la cintura, esbelta sir presión de artificio alguno, vibrándole al andar el seno redondo, y con el pelo rubio cayéndole sobre la frente y la nuca en artística rebeldía; una mano recogiéndose la falda de coco, poniendo al descubierto al andar un pie y el principio de una pantorrilla, capaces ambos de hacer estallar al de menos pólvora en la Santa Bárbara, y luciendo su cara de tez nítida...
Paco Cárdenas, en el momento en que lo sacamos a relucir, podría contar veintisiete o veintiocho años, y era de regular estatura, algo metido en carnes, una miajita crecido de abdomen, de tez trigueña, de rostro oval, con grandes y dulces ojos melados, pelo oscuro y boca riente y femenil y que siempre ligeramente contraída dejábale algo al descubierto la limpísima dentadura.