Ejemplos ?
Su teatro, como acabo de indicar, es estimado por literatos de renombre; y las odas del maestro León y de Herrera son dignas de leerse muchas veces.
No era, no (o, por mejor decir, no quería ser), una de esas beldades llamativas, aparatosas, fulminantes, que atraen todas las miradas, no bien se presentan en un salón, teatro, o paseo, y que comprometen o anulan al pobrete que las acompaña, sea novio, sea marido, sea padre, sea el mismísimo Preste Juan de las Indias...
Las noches claras son más alegres que los días de sol espléndido. En el bulevar resplandecían los cafés; la gente reía, pasaba, o bebía. Entré un momento al teatro; ¿a qué teatro? ya no lo sé.
Una cosa oscura y honda... ¡Qué lástima! —¡Trata de acordarte, por Dios!—la insté, vivamente interesado. Ustedes me conocen como hombre de teatro.. .
En el teatro, mi presencia llamó fuertemente la atención a mi tatarabuela, y después de examinarme con los anteojos, quedó impresionada al notar que guardábamos cierto parecido de familia.
En el piso bajo de la izquierda de una humilde pero graciosa y limpia casa de la calle de Preciados, calle muy estrecha y retorcida en aquel entonces y teatro de la refriega en tal momento...
Estaban bastante atónitos todavía, no poco débiles, y con gran asombro de sus hermanos menores —iniciados también en Julio Verne— sabían andar aún en dos pies y recordaban el habla. La aventura de los dos robinsones, sin embargo, fuera acaso más formal a haber tenido como teatro otro bosque menos dominguero.
Dábale la impresión —exacta por lo demás— de un escenario visto de día. De la bullente vida tropical no hay a esa hora más que el teatro helado; ni un animal, ni un pájaro, ni un ruido casi.
Es muy triste que hoy en día exista tan poca información totalmente inútil. El único vínculo entre literatura y drama que nos queda en Inglaterra es la factura del teatro.
Cuando la guerra sea para sostener la libertad, seguridad y reposo de las Provincias contratantes, las respectivas tropas serán costeadas por sus Gobiernos todo el tiempo de la guerra, sea cual fuere el territorio que sirva de teatro a las operaciones militares.
Bastará con añadir que mi temperamento es arrebatado, ardiente, entusiasta, y que toda mi vida he sido un devoto admirador de las mujeres. Una noche del pasado invierno, entré en un palco del teatro, acompañado de un amigo, el señor Talbot.
—Talbot, usted tiene gemelos de teatro —le dije—. Préstemelos. —¿Gemelos de teatro? ¡No! —exclamó, alarmado—. ¿Qué supone que pueda hacer yo con unos gemelos de teatro?