talabartero


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talabartero, a

s. OFICIOS Y PROFESIONES Persona que hace o repara talabartes y otros correajes para caballerías.

talabartero

 
m. El que hace talabartes y otros tipos de correajes.

talabartero, -ra

(talaβaɾ'teɾo, -ɾa)
sustantivo masculino-femenino
persona cuyo oficio es hacer objetos de cuero el oficio de talabartero
Traducciones

talabartero

/a SM/Fsaddler, harness maker
Ejemplos ?
-No diré yo que no tenga usté razón -exclamó con expresión respetuosa Juanico el Talabartero-, pero sa menester pensar tamién que eso de que vengan a cimbelearle a uno a la que es o puée ser madre de sus gurripatos, eso es más grande que el día del Corpus Cristi.
Y como donde hay panales no faltan zánganos, no extrañarán nuestros lectores que fuesen casi innumerables los que mariposeaban alrededor de Rosarito, entre los que ocupaba lugar preferente Perico el Talabartero, un chaval medio tábiro que parecía estar pidiendo a voces la Reualenta, de ojos magníficos y febriles, graciosa sonrisa, rostro exangüe y demacrado, y del cual solía decir Rosarito con aire meditabundo: -Cudiao que Perico es feo, pero cudiao que tiée rocío y tiée angel y tiée cosas en su carita morena.
-Sobre tó lo de las güenas inclinaciones-exclamó ratificando lo dicho por su consorte Juanico el Talabartero, que parecía no haber nacido más que para remachar todo cuanto afirmara la de los Chícharos.
Y en el momento en que acababa de brotar de sus labios aquella palabra, sus ojos, que vagaban distraídos por entre la risueña concurrencia, se tropezaron con los de Perico el Talabartero, que la miraba con expresión suplicante y al par amenazadora y sombría.
- preguntóle al Carambuco la Tulipanes con voz un tanto trémula, al par que se atersaba sobre el arrogante seno el pañuelo de crespón que arrollara la mano del Talabartero.
-El mesmito que tú dices, Pepico el Talabartero. -¿Y qué le contestó usté a Pepico? -Pos yo le contesté que no lo podía servir, porque tú estabas loquita der to por mis jechuras y por mi ange y por mi sangre torera.
-Pos siendo asín, y siendo güeno como es, y teniendo como tiée pa que no pases fatigas, y estando tú como estás rompiéndote esas manitas de nácar pa sacar alante a tus pícaros churumbeles, ¿por qué, vamos a ver, por qué no te casas con Pepe el Talabartero?
Paco contempló un instante a su mujer: su actitud, su sonrisa, el plácido mirar de sus ojos, toda ella, en fin, llenándole de profunda sorpresa. -¿Sabes que aquí han estao el Pimpi y el Talabartero a conviarte al bautizo de la hija de la Nena?
-Güeno, pos vamos a comer, que es lo que más priesa corre - exclamó, cortando bruscamente el diálogo, el Talabartero - Y asín que haigamos comío - continuó -, entonces ya veremos qué es lo que jacemos pa que a la comadre se le ablande el corazón y desatranque la puerta.
Y, levantándose, se dirigió rápida hacia sus hijos, los estrechó bruscamente entre sus brazos esculturales, puso en sus churretosas mejillas una granizada de besos de madre apasionada, y exclamó con voz llena de ternura: -Cualisquier día me caso yo con José el Talabartero.
-Pero vamos a ver, martirio -decíale, con acento vibrante de pasión, quince días después de la escena que acabamos de narrar, el Niño de la Tumbaga a la bellísima unigénita del Talabartero, que sentada tras la reja, bañada en sol y compitiendo triunfalmente en tintas y en perfumes y en gallardías con las flores que lucían en las macetas, contemplaba a aquél con melancólica expresión-; vamos a ver, por qué ese empeño de que yo, en la flor de mi edá, me vista la mortaja; porque si usté se va de la vera mía, sin darme su consentimiento, no voy a encontrar médico que me cure la puñalá que me voy a meter en el sitio que más me duela.
-Toma, pos pasó lo que tenía que pasar: que la Niña fue a darle por fin el clavel ar de Osuna, y que cuando diba a dárselo, pegó el Talabartero un brinco, tal y como si le hubiera picao una tarántula, y que le quitó er clavel de la mano a la de los Lunares, y que la de los Lunares se queó echa una estatua, y que Perico se puso er clavel en el ojal de la chaqueta, y que se queó mirando ar de Osuna como si estuviera mentándolo la madre con los ojos, y na, que dio media vuelta después, y que después se fue jacia la calle diciendo: -¡Yo tamién he apostao que es pa mí el clavel, y que no hay quien a mí me quite este clavel de bengala!