Ejemplos ?
o habréis imaginado, sin duda, un indio alto, empacado, cerdudo, con la cara llena de tajos, viruelas y costurones, y si no bizco, tuerto.
Don Quijote se creó un mundo ideal que le hizo andar a tajos y mandobles con el real y efectivo y trastornar cuanto tocaba sin enderezar de verdad tuerto alguno, y Robinsón reconstruyó un mundo real y tangible sacándolo de la naturaleza que le rodeaba, allí donde el caballero manchego, sin las alforjas de Sancho se hubiese muerto de hambre, a pesar de jactarse de conocer las yerbas.
En el resto del Valle se ha mantenido la conservación hidrográfica preferentemente en los tajos de los ríos Remedios y Tlalnepantla, así como el río Cuatitlán y de las Avenidas de Pachuca y en los Canales del Lago de Xochimilco, mejorando sus condiciones de escurrimiento para hacer posible el tránsito de embarcaciones sobre dichos canales que estaban a punto de azolvarse por completo.
Mientras los otros, profundos políticos, eminentes moralistas, desfacedores de entuertos sociales, agotaban velones y chamuscaban mechas de algodón emborronando pliegos y más pliegos, sacudiendo tajos y mandobles a todo estorbo que hallaban a su paso, ¿cómo no se les ocurrió dejar las cosas como estaban, cantar las jerarquías políticas, barrer las gradas del Poder, adular la aristocracia financiera y entrar en los suntuosos estrados, no para estudiar los vicios y las aberraciones de la culta sociedad, satirizándolos luego con el nocivo fin de extirparlos y traer a otro sendero la descarriada civilización, sino para convertirse en sabrosos narradores de todos los sucesos de telón adentro y ser los panegiristas del encumbrado señorón monsieur le bon ton ?
En fin, a puros tajos y reveses de las rapantes uñas aguileñas, desmoñadas las greñas y el solimán raído, quedaron desmayadas sin sentido, haciendo cada cual la gata morta.
Entretanto yo, espoleado por aquellos gritos y ansioso por concluir de una vez, descargaba sobre el cable furibundos tajos, hasta que de pronto, algo semejante a un tentáculo con un sordo chasquido, se enroscó en mis piernas y me arrojó de bruces sobre la cubierta.
—Mirad que conozco yo toda la gente que habita esta casa; y si no sois o amigos, o deudos de ella, contrarios en conclusión sois míos: conque mostraos, u os doy por tales si no. —Como queráis, don Juan dijo; y asiendo de su espadón para el embozado fuese, que a tajos le recibió.
¡La ronda! ¡La guardia!» Mas todo inútil, porque los tajos redoblan. Las mismas luces que sacan son de los menos en contra, y por doquiera cercados, en sus postrimeras tocan.
Ahorraos el preguntar cuánto doliera a Ariodante la suerte de su hermano; ni cuánto a Dardiniel mandar quisiera al mismo infierno por su propia mano; mas le impide el gentío la carrera, y no menos el fiel que el mahometano. Mas, por vengarse, a tajos de la aneja chusma el camino hacia el infiel despeja.
Las tres y tres cuartos de hora había doblado la mayor de Santa Honorata y el presidente no ordenaba la clarinada que es señal para iniciar el paseíllo… entonces, llegó un momento nada esperado: Lejos de abrirse la puerta de toriles dando paso al primero de la tarde, irrumpió una soldadesca extraña en voces y practicando disparos… engreída de sus recientes victorias apareció ésta, como tengo dicho, por la puerta del Príncipe, aquella destinada a los toreros de postín… y entonces, pasado el inicial sopor por lo inusual del acontecimiento se hizo un silencio que se rompió de pronto al escucharse los aprestos que un baturro, dado a espontáneo, saltara al ruedo navaja en mano y emprendiérala a tajos contra el primer soldado que estuvo a su alcance.
—Vuestro empeño será en vano; las espadas en la mano, entrambos tenemos culpa. Y así diciendo, uno a otro con tal denuedo se embisten, que brotan chispas las hojas con los tajos y los quites.
«¡Cómo, decían los unos, son dos y tenernos osan!» «¡Cómo, murmuraba el otro, villanos tientan mi honra!» «¡Mueran!», dicen de una parte; «¡Vengan!», dicen de la otra; y crece de la contienda la confusión temerosa. Llueven los tajos sin tino, y aunque se tiran con cólera, como tirados a ciegas, la mayor parte malogran.