tabardillo


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tabardillo

 
m. pat. Palabra usada ant. para designar ciertas formas de tifus.
Insolación.
tabardillo pintado Tifus exantemático.
fig.Persona loca o bulliciosa.
Sinónimos

tabardillo

sustantivo masculino
(col.)insolación, termoplejía (medicina), heliosis (medicina).
Traducciones

ta·bar·dil·lo

m. pop. name given to typhus, or typhoid fever in certain regions of Mexico and Latin America.
Ejemplos ?
-Calle usté, señora -repúsole éste a la vez que sentábase en la silla que aquélla le ofrecía-; pos si ca minuto ha sío pa mí un tabardillo; como que estoy rabiando por decirle a usté toíto lo que me está jaciendo borbotones en el corazón.
Finalmente, la noche anterior. Por habérsele atarrillado Atarrillamiento: Tabardillo de las bestias. el caballo, llegando ya a la casa del paso por donde esguazaría el Arauca, se vio obligado a pernoctar en ella, para continuar el viaje al día siguiente en un bongo que, a la sazón, tomaba allí una carga de cueros para San Fernando.
Da dondequieras que entrares y serás tan bien recibido que te pese. 3. Sé el médico que la cures, y es probado, pues cada uno muere del médico que le da al tabardillo o mal que le dio. 4.
En una de las frecuentes peloteras, sufrió la mujer, que era de un geniazo de mil demonios, sofocón tan tremendo que se la convirtió en un tabardillo entripado; y no hubo más que administrarla, encerrar el cuerpo en el ataúd y conducir el bulto a San Sebastián.
-Tenga quieta, señor Pedro Gutiérrez, esa su perla de oro, y no le venga por ella un tabardillo pintado con la justicia -interrumpió el alguacil del Cabildo, que no era otro el que recado tan alarmante traía al menestral-.
Pues si todos estos accidentes caen sobre el fuego que amor enciende en el pecho, no me parece que es el menos peligroso tabardillo y más cuando da con la modorra de no poder alcanzar, y con el frenesí celoso de ver lo que se ama empleado en otro cuidado.
To eso tiée compostura, y si er gachó no es bonito como un cromo, en cambio tiée un corazón más grande que un navío, y es serio y trabajador, y na, que no hay tu tía, ¿tú sabes?, que tú te casas con el Clavicordio y se acabaron las musarañas con el Tabardillo.
-Pero ¿por qué ha de ser eso asín, si el Tabardillo me quiere, y yo lo quiero a él, y el Tabardillo es el hombre que a mí me güele a romero?
-Pos antes de consentir en que te cases con el Tabardillo, consiento yo en que me jagan catite. ¡Con el Tabardillo! ¡Casarte tú con el Tabardillo!
Vamos, mujer, no digas eso ni en broma. -¿Pos qué tiée er Tabardillo menos que el Clavicordio? -Pos tiée muchísimas cosas menos: tiée menos cutis y tiée menos formaliá y tiée menos corazón y tiée menos cosas de hombre y, sobre to, que er que a mí me jace clase es el Clavicordio, ¿tú te enteras?
El Tabardillo no puée casarse entoavía, y además yo no estoy tan loca por él que me atreva a darles a ustedes una esazón ni a jacer una charraná con mi presona, ni a dar una campanaíta en el barrio.
Este y otros percances análogos y un tabardillo que le produjo al fin tanta y tanta insolación como tomaba, buscando por el campo la sombra de la poesía, le obligaron a desistir de sus excursiones ordinarias, conformándose después con la sombra del nogal solariego para los pocos ratos que consagraba a la lectura desde el último desencanto.