sueco


Búsquedas relacionadas con sueco: Sueca

sueco, a

(De Suecia, país escandinavo.)
1. adj./ s. De Suecia, país europeo, o de su lengua.
2. s. Persona natural de este país europeo.
3. s. m. LINGÜÍSTICA Lengua germánica, de la familia indoeuropea, hablada en este país.

sueco, a

(Del lat. soccus, especie de pantufla.)
loc. v. En la expresión hacerse el sueco indica disimular, fingir no entender una cosa.

sueco, -ca

 
adj.-s. De Suecia.
Hacerse uno el sueco. fig. Desentenderse de una cosa; fingir que no se entiende.
m. ling. Lengua oficial de Suecia y, con el finés, una de las dos lenguas oficiales de Finlandia. Pertenece al escandinavo oriental del grupo germánico nórdico del indoeuropeo.

sueco, -ca

('sweko, -ka)
abreviación
relacionado con Suecia o con sus habitantes De cuando en cuando llega a las pantallas nacionales una joya del cine sueco.

sueco, -ca


sustantivo masculino-femenino
persona que es de Suecia Me casé con una sueca que conocí en un viaje turístico.

sueco


sustantivo masculino
lingüística lengua germánica hablada en Suecia Tuvo que aprender sueco por cuestiones de trabajo.
Traducciones

sueco

Sweeds

sueco

швед, шведски

sueco

suec

sueco

švédština, Švéd, švédský, tuřín

sueco

svensk, kålroe, svensker

sueco

sveda

sueco

ruotsi, lanttu, ruotsalainen

sueco

sænska

sueco

スウェーデン語, スウェーデンカブ, スウェーデンの, スウェーデン人

sueco

suedeză

sueco

švédčina

sueco

Šved, švedščina, švedski

sueco

svenska, kålrot, svensk

sueco

Šveđanin, švedska repa, švedski

sueco

순무, 스웨덴 사람, 스웨덴의

sueco

เกี่ยวกับประเทศสวีเดน, ชาวสวีเดน, ผักชนิดหนึ่งมีลักษณะเป็นหัว, ภาษาสวีเดน

sueco

củ cải Thụy Điển, người Thụy Điển, thuộc nước/người/tiếng Thụy Điển, tiếng Thụy Điển

sueco

שוודית

sueco

/a
A. ADJSwedish
B. SM/FSwede
hacerse el suecoto act dumb
C. SM (Ling) → Swedish
Ejemplos ?
En vano dirá él por excusa, que aceptando el trono de Suecia no debía ser sino sueco; excusa común, propia de la multitud y vulgo de los ambiciosos.
Anda en sueco, en danés: la antigua Escandinavia no con templó en las nubes, entre las sombras de los guerreros, otra irás belicosa y temible.
La vi, y olvidé las profundas regiones del fuego, y los espacios infinitos donde me llevaba la voluntad del dueño: hice oídos de sueco a su tremenda voz y todo lo olvidé, y todo lo arrostré, para pensar tan solo en la suprema dicha de contemplarla, y buscar valiendome, si era necesario, de todos los medios infernales la manera de quedarme en ese estrecho recinto.
Pues has de saber, hijito, que cuando Nuestro Señor Jesucristo vivía en este mundo pecador desfaciendo entuertos; redimiendo Magdalenas, que es buen redimir; desenmascarando a pícaros e hipócritas, que no es poco trajín; haciendo cada milagro como una torre Eiffel, y anda, anda y anda en compañía de San Pedro, tropezó en su camino con una herradura mohosa, y volviéndose al apóstol, que marchaba detrás de su divino Maestro, le dijo: -Perico, recoge eso y échalo en el morral. San Pedro se hizo el sueco, murmurando para su túnica: «¡Pues hombre, vaya una ocurrencia!
Si hubiera tenido la penetración y el alma correspondiente a la altura de su situación, si hubiera sido tan buen sueco como lo pretendía, podía haber restablecido el lustre y el poder de su nueva patria...
No sabemos si algún francés de mal gusto haya vuelto a su lengua el tal Persiles; el Quijote, en el cual su autor miraba poco, ha sido puesto en griego, latín, lenguas muertas; en francés, inglés, portugués, italiano y alemán, lenguas vivas; en sueco, danés, lenguas semibárbaras, aunque de pueblos muy adelantados; en ruso, polaco y húngaro, lenguas duras y terribles, lenguas de osos y carrascas; en catalán, vascuence, lenguas extravagantes.
En relación con la expropiación de los intereses de las compañías petroleras, considero pertinente informar a Vuestra Soberanía que nuestros representantes diplomáticos o consulares han tenido que hacer valer los derechos de México en dos casos de embargo en el extranjero: el del barco tanque San Ricardo y el de un barco sueco que con gasolina procedente de nuestro país se dirigía al Havre.
La libertad, el bienestar, el porvenir de un montañés perdido entre los desfiladeros de los Apeninos, no dependen únicamente del bienestar o de la miseria en que los vecinos de su aldea se hallen, ni de las condiciones generales del pueblo italiano, sino que dependen también de los trabajadores de América, de Australia, del descubrimiento de un sabio sueco, de las condiciones morales y materiales de los chinos, de la guerra o de la paz existentes en el continente africano, en suma, de todas las circunstancias grandes o pequeñas que, en un punto cualquiera del globo terráqueo, ejerzan su influencia sobre un ser humano.
Y a propósito: ¿no hay en este jardín un estercolero donde puedan alojarse personas de mi categoría y sentirse como en casa? Pero las ranas no lo entendieron o se hicieron el sueco.
Si un príncipe se casase sin dicho consentimiento o si se casara, con o sin ese consentimiento, con la hija de un ciudadano sueco particular, perderá el derecho a suceder para sí mismo, para sus hijos y para los descendientes de estos.
O a veces, cuando está trabajando cosas de números, o poniendo un libro sueco en español, la ve venir, venir despacio, como en una nube, y se le sienta al lado, le quita la pluma, para que repose un poco, le da un beso en la frente, le tira de la barba rubia, le esconde el tintero: es sueño no más, no más que sueño, como esos que se tienen sin dormir, en que ve uno vestidos muy bonitos, o un caballo vivo de cola muy larga, o un cochecito con cuatro chivos blancos, o una sortija con la piedra azul: sueño es no más, pero dice el padre que es como si lo hubiera visto, y que después tiene más fuerza y escribe mejor.
Son los vicios nuevos que dices que estás inventando, esas joyas en cuya contemplación te pasas las horas fascinado por su brillo, como se fascinaría una histérica; el té despachado directamente de Cantón, el café escogido grano por grano que te manda Rovira; el tabaco de Oriente y los cigarros de Vuelta Abajo, el kummel ruso y el krishabaar sueco, todos los detalles de la vida elegante que llevas, y todas esas gollerías que han reemplazado en ti al poeta por un gozador que a fuerza de gozar corre al agotamiento...