Ejemplos ?
El mar duerme, y no importuna con sus gritos salvajes de reproche; ¡y sueña que se besa con la luna en el tálamo negro de la noche!
No sé cuál medio en tal extremo tome: a entrar o a estarme en vano me apercibo, como, al que sueña toros, hace el miedo que ni pueda correr ni estarse quedo.
Y el impávido cuervo osado aún sigue, sigue posado, en el pálido busto de Palas que hay encima del portal; y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña, cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal; y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal, no se alzará...¡nunca más!.
El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata.
Duerme la virgen en su blanco lecho y sueña con las flores y las nubes, mientras le rozan el ebúrneo pecho con sus abiertas alas los querubes.
Duerme el niño y suspira blandamente, y sueña con el seno que lo aguarda, mientras lo arrulla con amor ferviente quedo, muy quedo, el ángel de la guarda.
El amante está en vela, pero sueña, sueña con los encantos de su amada, cierra los ojos y la ve risueña con la cabeza hundida en su almohada.
Solo interrumpe en esta calma profunda el grito breve y agudo del bengalí, el zumbido monótono y tenaz de los insectos que voltean en el aire brillando a la luz del sol como un torbellino de piedras preciosas, y la acelerada respiración de Siannah, sonora y encendida como la del que sueña embriagado con opio.
Te abriste como una granada, como una ubre te henchiste, como una espiga te erguiste a toda raza congojada, a toda humanidad triste, a los errabundos y parias que bajo nubes contrarias van en busca del buen trabajo, del buen comer, del buen dormir, del techo para descansar. y ver a los niños reír, bajo el cual se sueña y bajo el cual se piensa morir.
El alma que entra allí debe ir desnuda, temblando de deseo y fiebre santa, sobre cardo heridor y espina aguda: así sueña, así vibra y así canta.
Que hoy has de pronunciar a solas mi nombre, suspirando. Sí, lo has de hacer, porque soy para ti eso que se sueña, a lo que aspira, sin saberlo nosotros mismos, todo nuestro ser.
¡Qué dulce es dormir en calma cuando a lo lejos susurran los álamos que se mecen, las aguas que se derrumban! Se sueñan bellos fantasmas que el sueño del triste endulzan, y en tanto que sueña el triste, no le aqueja su amargura.