sorbete


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sorbete

(Del ital. sorbetto < turco serbet < ár. sarbat, bebidas.)
1. s. m. COCINA Refresco compuesto en general de zumos de frutas con azúcar, al que se le da cierto grado de congelación pastosa.
2. Amér. Central y Merid. Paja, tubo pequeño y delgado que se utiliza para sorber líquidos.

sorbete

 
m. Refresco azucarado de zumo de frutas y agua al que se da cierto grado de congelación pastosa.

sorbete

(soɾ'βete)
sustantivo masculino
1. culinario refresco hecho con frutas, azúcar y se consume frío sorbete de frutillas y naranja
2. tubo delgado que se usa para beber batido de melón con sorbete
Sinónimos

sorbete

sustantivo masculino
helado, mantecado, nieve (América).
Sorbete se utiliza cuando es de frutas. Mantecado es el que se hace con yema de huevo, leche y azúcar.
Traducciones

sorbete

sherbet, sorbet

sorbete

sorbetto, wafer

sorbete

šerbet

sorbete

sorbet

sorbete

Fruchteis

sorbete

sorbetti

sorbete

sorbet

sorbete

sorbet

sorbete

ソルベ

sorbete

셔벗

sorbete

sorbet

sorbete

sorbet

sorbete

sorbet

sorbete

sorvete

sorbete

sorbet

sorbete

น้ำแข็งที่ผสมน้ำผลไม้

sorbete

sorbet

sorbete

nước quả ướp lạnh

sorbete

סורבה

sorbete

SM
1. (= postre) → sorbet, sherbet (EEUU)
2. (Caribe, Cono Sur) (= pajita) → drinking straw
3. (Méx) (= sombrero) → top hat
Ejemplos ?
En la empírea mansión fue recibida Con júbilo común, y al despojarla De su real vestidura, el firmamento Perfumó con el ámbar. En la sagrada copa la ambrosia Su mérito perdió, y con la fragancia Del dulce zumo del sorbete indiano, Los Númenes se inflaman.
Con tan honrosa credencial, estaba yo autorizado para saludar en el paseo a las señoritas más encopetadas, para tomar sorbete en el salón principal del Suizo, para codearme con los hombres elegantes, y, sobre todo, para entrar sin obstáculo en los círculos cuyas puertas se cerraban, por razón de lustre, a la inmensa mayoría de mis conciudadanos.
Ello es que toda la parroquia convino al fin en que la muchacha era linda como un relicario y fresca como un sorbete, pero más cerril e inexpugnable que fiera montaraz.
Un año después de establecida la condesa en la hacienda, hizo salir de un convento de monjas de Lima a una esclavita, de quince a diez y seis abriles, fresca como un sorbete, traviesa como un duende, alegre como una misa de aguinaldo y con un par de ojos negros, tan negros que parecían hechos de tinieblas.
El estrépito duró un par de minutos.-Cuando las detonaciones se hicieron más débiles y más tardías, como las de una tormenta que se va alejando, la atención pública, hasta entonces en suspenso, comenzó a agitarse, cruzándose entre los parroquianos sonrisas, carcajadas y epigramas, que, afortunadamente, no comprendió el que era objeto de ellos; antes al contrario, pensando sólo en el fatal efecto del sorbete, y durándole aún la sed, comenzó a sacudir garrotazos sobre la mesa y a llamar con toda la fuerza de sus pulmones.
En otras épocas para nosotros hubiera quedado el refugio de un convento o de un viaje a tierras desconocidas y maravillosas. Hoy usted puede tomar un sorbete a la mañana en la Patagonia y comer bananas a la tarde en el Brasil.
Pero la gente susodicha y sus melifluos infatigables salmistas se equivocan de medio a medio, como voy a demostrarlo con hechos, que son argumentos sin vuelta ni revés; y con hechos que no han de proceder de la vida y milagros de la benemérita clase media que, por horror innato a su propia medianía, vive en perpetuo remedo aristocrático; ni tampoco de los anales de los sabañonudos gremios horteril, especiero y consortes, rebaño que ya viste frac, toma sorbete y baila con guantes los domingos, y forcejea y suda por eclipsar el brillo social de la clase media.
Lo mismo fue hincar sus dientes en el gélido amasijo, que revolverse en el café el ruido de un huracán. La inesperada impresión del frío del sorbete produjo en don Silvestre los efectos más estrepitosos.
De la fuente de los Almendrucos es el agua cristalina que La Sordica trae; agua más helada cuanto más ardorosa es la temperatura; sorbete que la Naturaleza preparó allá en sus misteriosos laboratorios, para consolar al trabajador en los crueles días caniculares.
-Respéteme usted, por tanto... Dijo, y sus palabras me dejaron frío como un sorbete. -Pero era tan guapa, y sobre todo tan anchurosa, que me entregué confiado a aquella sumisión, a aquella dependencia, a aquella subordinación que me exigía.
Sin embargo interrumpió Carlos, que daba pequeños mordiscos a su sorbete de ron, dicen que en el último acto está absolutamente admirable; siento haber salido antes del final, pues empezaba a divertirme.
Y como desconocía el verdadero valor de aquellas baladronadas, tomábalas muy a pechos, y hasta resuelto estuvo a interpelar muy seriamente al de las patillas, cuando le ocurrió preguntar a su acompañante, aún preocupado con el lance del sorbete, qué clase de hombre era aquel que tan bien manejaba la lengua.