sonrosar

(redireccionado de sonrosadas)

sonrosar

v. tr. y prnl. Dar color rosado a una cosa sus mejillas se sonrosaron.
NOTA: También se escribe: sonrosear

sonrosar

(sonro'saɾ)
verbo transitivo
dar a algo un color rosado sonrosar el rostro con el sol

sonrosar


Participio Pasado: sonrosado
Gerundio: sonrosando

Presente Indicativo
yo sonroso
tú sonrosas
Ud./él/ella sonrosa
nosotros, -as sonrosamos
vosotros, -as sonrosáis
Uds./ellos/ellas sonrosan
Imperfecto
yo sonrosaba
tú sonrosabas
Ud./él/ella sonrosaba
nosotros, -as sonrosábamos
vosotros, -as sonrosabais
Uds./ellos/ellas sonrosaban
Futuro
yo sonrosaré
tú sonrosarás
Ud./él/ella sonrosará
nosotros, -as sonrosaremos
vosotros, -as sonrosaréis
Uds./ellos/ellas sonrosarán
Pretérito
yo sonrosé
tú sonrosaste
Ud./él/ella sonrosó
nosotros, -as sonrosamos
vosotros, -as sonrosasteis
Uds./ellos/ellas sonrosaron
Condicional
yo sonrosaría
tú sonrosarías
Ud./él/ella sonrosaría
nosotros, -as sonrosaríamos
vosotros, -as sonrosaríais
Uds./ellos/ellas sonrosarían
Imperfecto de Subjuntivo
yo sonrosara
tú sonrosaras
Ud./él/ella sonrosara
nosotros, -as sonrosáramos
vosotros, -as sonrosarais
Uds./ellos/ellas sonrosaran
yo sonrosase
tú sonrosases
Ud./él/ella sonrosase
nosotros, -as sonrosásemos
vosotros, -as sonrosaseis
Uds./ellos/ellas sonrosasen
Presente de Subjuntivo
yo sonrose
tú sonroses
Ud./él/ella sonrose
nosotros, -as sonrosemos
vosotros, -as sonroséis
Uds./ellos/ellas sonrosen
Futuro de Subjuntivo
yo sonrosare
tú sonrosares
Ud./él/ella sonrosare
nosotros, -as sonrosáremos
vosotros, -as sonrosareis
Uds./ellos/ellas sonrosaren
Imperativo
sonrosa (tú)
sonrose (Ud./él/ella)
sonrosad (vosotros, -as)
sonrosen (Uds./ellos/ellas)
Pretérito Pluscuamperfecto
yo había sonrosado
tú habías sonrosado
Ud./él/ella había sonrosado
nosotros, -as habíamos sonrosado
vosotros, -as habíais sonrosado
Uds./ellos/ellas habían sonrosado
Futuro Perfecto
yo habré sonrosado
tú habrás sonrosado
Ud./él/ella habrá sonrosado
nosotros, -as habremos sonrosado
vosotros, -as habréis sonrosado
Uds./ellos/ellas habrán sonrosado
Pretérito Perfecto
yo he sonrosado
tú has sonrosado
Ud./él/ella ha sonrosado
nosotros, -as hemos sonrosado
vosotros, -as habéis sonrosado
Uds./ellos/ellas han sonrosado
Condicional Anterior
yo habría sonrosado
tú habrías sonrosado
Ud./él/ella habría sonrosado
nosotros, -as habríamos sonrosado
vosotros, -as habríais sonrosado
Uds./ellos/ellas habrían sonrosado
Pretérito Anterior
yo hube sonrosado
tú hubiste sonrosado
Ud./él/ella hubo sonrosado
nosotros, -as hubimos sonrosado
vosotros, -as hubísteis sonrosado
Uds./ellos/ellas hubieron sonrosado
Pretérito Perfecto de Subjuntivo
yo haya sonrosado
tú hayas sonrosado
Ud./él/ella haya sonrosado
nosotros, -as hayamos sonrosado
vosotros, -as hayáis sonrosado
Uds./ellos/ellas hayan sonrosado
Pretérito Pluscuamperfecto de Subjuntivo
yo hubiera sonrosado
tú hubieras sonrosado
Ud./él/ella hubiera sonrosado
nosotros, -as hubiéramos sonrosado
vosotros, -as hubierais sonrosado
Uds./ellos/ellas hubieran sonrosado
Presente Continuo
yo estoy sonrosando
tú estás sonrosando
Ud./él/ella está sonrosando
nosotros, -as estamos sonrosando
vosotros, -as estáis sonrosando
Uds./ellos/ellas están sonrosando
Pretérito Continuo
yo estuve sonrosando
tú estuviste sonrosando
Ud./él/ella estuvo sonrosando
nosotros, -as estuvimos sonrosando
vosotros, -as estuvisteis sonrosando
Uds./ellos/ellas estuvieron sonrosando
Imperfecto Continuo
yo estaba sonrosando
tú estabas sonrosando
Ud./él/ella estaba sonrosando
nosotros, -as estábamos sonrosando
vosotros, -as estabais sonrosando
Uds./ellos/ellas estaban sonrosando
Futuro Continuo
yo estaré sonrosando
tú estarás sonrosando
Ud./él/ella estará sonrosando
nosotros, -as estaremos sonrosando
vosotros, -as estaréis sonrosando
Uds./ellos/ellas estarán sonrosando
Condicional Continuo
yo estaría sonrosando
tú estarías sonrosando
Ud./él/ella estaría sonrosando
nosotros, -as estaríamos sonrosando
vosotros, -as estaríais sonrosando
Uds./ellos/ellas estarían sonrosando
Ejemplos ?
Sus patillas eran como las que todavía usan los agrimensores provinciales y comarcales, los arquitectos y los médicos de regimiento, igual que los funcionarios de policía y, en general, todos esos caballeros de mejillas rubicundas y sonrosadas que suelen jugar muy bien al boston: son unas patillas que bajan hasta media cara y llegan en línea recta a la misma nariz.
Inútil, allí, a solas, ella miró pasar generaciones, como pasan, con raudo movimiento, sobre la playa las marinas olas en la sombra los coros de visiones y las aristas leves en el viento; y ora mira la turba de los niños de risueñas mejillas sonrosadas, que al asomar tras de la fuerte reja sonriente semeja un ramo de camelias encarnadas!
No faltaban piernas audaces lanzadas a un contacto definitivo. Sonrosadas, despeinadas, sudorosas, las mozas echaban el pecho adelante y la cabeza atrás, como si fueran a esquivar un beso; pero la distancia era tan breve, que el cálido aliento de la dominada continuaba quemando la mejilla del dominador.
Es de baja estatura; gordo y rollizo como un flamenco; dos ojos pequeñitos y alegres; boca risueña; dos hoyitos en las mejillas, blancas y sonrosadas como las de una dama; un par de chuletas negras y rizadas; el pelo, corto y áspero, pero muy cuidado y recogido hacia el cogote; la frente, angosta; el tórax y el abdomen, como los de un bolsista, anchos y prominentes; el chaleco, muy abierto; la camisa, muy blanca; las solapas del gabán, hacia la espalda.
Acercábase a los vendedores de cerdo a pedirles precio de embutidos, examinaba codicioso las sonrosadas cabezas de cerdo, hacíalas girar despacio bajo la impasible mirada de los ventrudos comerciantes de delantal blanco, rascábase tras de la oreja, miraba con voluptuosidad los costillares enganchados a los hierros, las pilastras de tocino en lonjas, y como si resolviera un problema que le daba vueltas en el meollo, dirigíase a otro puesto, a pellizcar una luna de queso, o a contar cuántos espárragos tiene un mazo, a ensuciarse las manos entre alcachofas y nabos, y a comer pepitas de zapallo o a observar al trasluz los huevos y a deleitarse en los pilones de manteca húmeda, sólida, amarilla, y aún oliendo a suero.
Pues bien, ni el espectáculo siempre nuevo del nacimiento del sol, ni el hallazgo de aquellas ninfas que eran de realidad y sonrosadas carnes, no fantásticas como la de los antiguos poetas, fueron bastante poderosos para hacer que el capitán volviese la vista a su derecha para mirar, arriba, el astro de nuestro escudo de armas, abajo, una porción casi desnuda del mejor tesoro que entre sus opulencias naturales cuenta Buenos Aires.
¡más discretas en vuestro brillo que las gemas radiantes, perlas que os formáis en el fondo glauco de los mares, perlas blancas de suavísimo oriente, perlas rosadas de Visapour y de Golconda, fantásticas perlas negras de Veraguas y de Chiriquí, perlas que adornáis las coronas de los reyes, que tembláis en los lóbulos de las orejas sonrosadas y pequeñuelas de las mujeres, y os posáis como un beso sobre la frescura palpitante de los senos desnudos!
De este modo, la vida de Mahomet florecía como su misma barba, que, cuando se olvidaba de afeitarla, relucía negra como el azabache en torno de sus mejillas sonrosadas y pulidas.
Y saludan con un bon dia tengui gracioso, entre los cestos llenos de patatas y coles, pimientos de corales, tomates de arreboles, sonrosadas cebollas, melones y sandías, que hablan de las Arabias y las Andalucías.
El pensamiento de Antonio en aquellos instantes revoloteaba celoso y despechado en torno de Trini, de aquella chavalilla, capullo convertido en flor a sus caricias, un primor de mujer, de formas elegantes y sueltas que ondulaban suaves cual las del antílope, de carnes sonrosadas, de pie casi invisible y de rostro a los que los malos ratos y las pesadumbres no habían logrado arrebatar ni su tersura, ni su brillantez, ni los tonos suavísimos de rosa temprana que lucía perpetuamente en sus encarnadas mejillas; ni a sus grandes ojos aquella dulce expresión infantil, que fueron y volvían a ser a modo de luminosos acicates de los deseos del mozo.
Obra como ésta no la prodiga naturaleza: las líneas rehenchidas de aquella escultura de carne tierna diseñaban ya la mujer antioqueña, alta, esbelta, de movimientos lánguidos y cadenciosos; el cuello y el pecho ondulaban en esponjes de paloma cuando arrulla; la boquita, de labios un tanto gruesos pero correctos, se plegaba con el mimo y la monería que sólo la inocencia sabe producir, mostrando unos dientecitos que parecían miajas de la pulpa del coco; movía esas manos pompas, de palmas sonrosadas, con la gentileza, la maña y la travesura de una gatita; y cuando, inclinada la cabeza, proyectaba aquellas pestañas crespas, largas y de color atortolado, hubiera servido de modelo para una Virgen niña.
Y el niño obediente venía con las mejillas sonrosadas, jadeante, con los cabellos desarreglados y el vestido descompuesto a arrodillarse a los pies de la que le llamaba.