Ejemplos ?
Cada mes le enviaba Susini imperiales de tabaco de la Vuelta de Abajo, y dos cajas surtidas de sport, jockeis, trompetillas, arrobadores, de­ leites, papiros o cigarrillos rusos, y qué sé yo qué otros nombres, amén de un centenar de cajetillas de joloches (panquitas, como decimos en Lima) para el uso de mademoiselle Celina Montaland. Picaronazo, no sonría usted, ni quiera armarse gresca defendiendo la honradez de las gallinas.
Y mira triste a la casa del sheik Edebali; Detrás de las rejas de la ventana ve una niña Que le sonría, flexible como una rama de avellano; Es la hija del sheik, la hermosa Malcatun.
Mi hermano está en la cuna, dejadle que sonría con ángeles que agitan sus alas en tropel; nosotros, alejando la cruel melancolía, soñemos a la sombra de mágico laurel.
Tu ley no respeta nada, Dominas a la mujer: ¿Dó hallaremos una vieja Cuya descarnada boca Cuando un dulce en ella toca No sonría con placer?
¿Por qué las beneméritas abejas labradoras producen rica miel? ¿Por qué si bajan límpidas a un labio que sonría las gratas puras lágrimas que arrancan la alegría también saben a hiel?
-No se sonría usted, señorita; ¡que eso es burlarse de un pobre enfermo, incapacitado de huir para librarla a usted de su presencia!
-Parece que quiere sonreír. -Pero no acaba de decidirse. -¿Quieres que sonría? -Sí, mamá. Inés cogió la muñeca y la presentó a Luisito, que extendió las manos, agitó los pies y lanzó una exclamación de alegría.
Y a ti, bosque frondoso, que a las orillas del sonante río abrigo delicioso me das en los ardores del estío. Propicio a tus verdores te sonría apacible el claro cielo, frutos te den y flores las estaciones en su raudo vuelo.
Un Acertijo o el cántico del grillo Es a la Duda una buena Réplica. La pulgada de la Hormiga y la milla del Águila Hacen que la Filosofía burda sonría.
,. ojalá que el destino os sonría! Pero el Dios de Tuwbal6 me inapixa a profetizarte, infeliz monarca, que serás el ultimo de tu sagrada estirpe.
Sabía que estaba irremisiblemente perdido, desterrado de la posible felicidad que siempre, algún día, sonría en la mejilla más pálida: comprendía que el destino lo abortó al caos de esa espantosa multitud de hombres huraños que manchan la vida con sus estampas agobiadas por todos los vicios y sufrimientos.
¿ Resbalar sobre el hielo de los callejones nevados, Mirar a través de las ventanas las luces encendidas Y verla rodeada por un enjambre de parásitos, Cómo sonría a todos con su pensamiento ligero ?