sombrerero

sombrerero, a

s. OFICIOS Y PROFESIONES Persona que confecciona o vende sombreros.

sombrerero -ra

 
m. f. Persona que tiene por oficio hacer o vender sombreros.
f. Caja para guardar el sombrero.

sombrerero, -ra

(sombɾe'ɾeɾo, -ɾa)
sustantivo masculino-femenino
occupations professions persona que se dedica a hacer sombreros sombrerero experto en paja
Traducciones

sombrerero

Hutmacher

sombrerero

hatter

sombrerero

chapelier

sombrerero

cappellaio

sombrerero

hoedenmaker

sombrerero

حتر

sombrerero

Hatter

sombrerero

/a
A. SM/F (= artesano) (para sombreros de hombre) → hatter; (para sombreros de mujer) → milliner
V tb sombrerera
B. SM (Andes, Cono Sur) (= perchero) → hatstand
Ejemplos ?
Habían puesto la mesa debajo de un árbol, delante de la casa, y la Liebre de Marzo y el Sombrerero estaban tomando el té. Sentado entre ellos había un Lirón, que dormía profundamente, y los otros dos lo hacían servir de almohada, apoyando los codos sobre él, y hablando por encima de su cabeza.
--Acaba de salir de la cárcel y aún no había acabado de tomar el té cuando lo encerraron --susurró Haigha al oído de Alicia-- y allá dentro sólo les dan conchas de ostra para comer..., de forma que está el pobre muy hambriento y sediento. ¿Cómo estás, mi hijito continuó dirigiéndose al sombrerero y pasándole el brazo afectuosamente por el cuello.
-¡Y sería lo mismo decir -añadió el Lirón, que parecía hablar en medio de sus sueños- «respiro cuando duermo» que «duermo cuando respiro»! -Es lo mismo en tu caso -dijo el Sombrerero.
Y aquí la conversación se interrumpió, y el pequeño grupo se mantuvo en silencio unos instantes, mientras Alicia intentaba recordar todo lo que sabía de cuervos y de escritorios, que no era demasiado. El Sombrerero fue el primero en romper el silencio.
Ninguno es mío. Soy sombrerero. Al llegar a este punto, la Reina se caló los anteojos y empezó a examinar severamente al Sombrerero, que se puso pálido y se echó a temblar.
Cuando anuncia que el sombrerero Fulano de Tal, deseando acabar cuanto antes con su corta existencia, se propone dar sus sombreros más baratos; que "una señora viuda quisiera entrar en una casa en clase de doncella, y que sabe todo lo perteneciente a este estado".
Al oír esto, el Sombrerero abrió unos ojos como naranjas, pero lo único que dijo fue: -¿En qué se parece un cuervo a un escritorio?
-exclamó el Rey, volviéndose hacia los miembros del jurado, que inmediatamente tomaron nota del hecho. -Los tengo para vender -añadió el Sombrerero como explicación-.
--¿Cómo va esa pelea? El sombrerero hizo un esfuerzo desesperado y logró tragar un trozo bien grande de pan y mantequilla que tenía aún en la boca.
No paró aquí; un sastre tardó veinte días en hacerle un frac, que le había mandado llevarle en veinticuatro horas; el zapatero le obligó con su tardanza a comprar botas hechas; la planchadora necesitó quince días para plancharle una camisola; y el sombrerero a quien le había enviado su sombrero a variar el ala, le tuvo dos días con la cabeza al aire y sin salir de casa.
Aquí me parece digno de repetirse lo que dijo un sabio de nuestros días: “El noble no lo pareciera, si anduviese descalzo y desnudo: ¿y por qué razón deben ser bajos y despreciables los que tienen en su mano los signos de la nobleza?” ¿El zapatero y el sastre, que nos guardan el cuerpo de las incomodidades de la desnudez, por qué serán menos nobles que el sombrerero y el curtidor?
Pero las modas pasan, y mi sombrero dura; así que, después de algún tiempo, volví a la ciudad, y noté que la bimba de este cura no llamaba la atención; por casualidad, y por poco tiempo, la moda coincidió con mi gusto, sobre poco más o menos; los sombreros de copa de los caballeros que veía pasar junto a mí eran de tamaño y figura del mío. Volví a planchar el vejete este, y al sombrerero no se le ocurrió proponerme que lo reformara.