sofá

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sofá

(Del fr. sofa < ár. suffa, almohadón.)
1. s. m. Asiento para dos o más personas, con el respaldo y los brazos acolchados se ha comprado un sofá de tres plazas. canapé
2. sofá cama El que puede convertirse en cama.

sofá

 
m. Asiento con respaldo y brazos para dos o más personas.
sofá cama El que puede transformarse en cama.

sofá

(so'fa)
sustantivo masculino
asiento mullido con respaldo y brazos para más de una persona Veía televisión recostado en un sofá.
Traducciones

sofá

Sofa

sofá

pohovka

sofá

sofa

sofá

sohva

sofá

divan, kauč

sofá

カウチソファー, ソファー

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소파

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bank, sofa

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kanapa

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เก้าอี้นวม, เก้าอี้ยาว, ที่นั่งมีพนักพิงและที่วางแขน

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ghế sofa, ghế trường kỷ, trường kỷ

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диван

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沙發

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הספה

sofá

SMsofa, settee
Ejemplos ?
Recostado en un sofá, con la chaqueta desprendida, el coronel Oyarzún parecía estudiar con la mirada las cotas de un mapa verde que estaba allí, frente a sus ojos.
Lo miró al teniente, y comprendió que el hombre iba en busca de auxilio. Entonces se incorporó y, ya sentado en el sofá, dijo: -Pase, teniente -le señaló una silla-.
Sírvase usted sentarse. (Se sientan en un sofá.) (Meloso.) Sírvase decirme en qué puedo serla útil. SEÑORITA Estoy en la miseria.
El salón, apenas alumbrado por los candelabros de las consolas, era grande y frío, con encerada tarima. Ante el sofá del estrado brillaba un brasero de cobre sostenido por garras de león.
Comenzó la mudanza; el sofá no cupo por la escalera; fue preciso izarle por el balcón, y en el camino rompió los cristales del cuarto principal, los tiestos del segundo, y al llegar al tercero, una de sus propias patas, que era precisamente la que le había estorbado; si se hubiera roto al principio, pleito por menos; fue preciso pagar los daños.
pero lo callaba. Se dirigió hasta una percha, cogió una gabardina que en ella pendía y tomó un maletín caído a propósito en un sofá.
Hay visitas, por supuesto, y son de pelo de veras, con ropones de seda lila de cuartos blancos, y zapatos dorados; y se sientan sin doblarse, con los pies en el asiento: y la señora mayor, la que trae gorra color de oro, y está en el sofá, tiene su levantapiés, porque del sofá se resbala; y el levantapiés es una cajita de paja japonesa, puesta boca abajo: en un sillón blanco están sentadas juntas, con los brazos muy tiesos, dos hermanas de loza.
Demasiado cansada... Necesito dormir...) y la diosa, en la penumbra de una estancia se tendió sobre un sofá con desgano... —Vacía...
¡Ve corriendo y llama al doctor Sánchez! ¡Mi mamá se muere! Ven, espera, ayúdame a llevarla al sofá de la sala... ¿No ves que se está cayendo?
¡No haga usted caso de esa ingrata y dígame que ya está buena del todo, o reviento aquí donde me veo atado por el dolor y crucificado por mi enemiga! A todo esto la viuda había sido colocada en el sofá, y Rosa atravesaba la calle en busca del doctor.
Y a la hora indicada, exacto como un reloj de los que son exactos, allí estaba Avelino con los estuches. La extranjera, alzándose del sofá, hizo gestos de contrariedad: -¡Cuánto siento la molestia!...
Vestía aquella señora en casa unos diablos de batas de finísima tela que se pegaba al cuerpo de diosa de la enemiga como la hiedra al olmo; se sentaba en el sofá, y en la silla larga, y en el confidente (todo ello blando, turgente y lleno de provocaciones), con tales posturas, doblándose de un modo y enseñando unas puntas de pie, unos comienzos de secretos de alabastro y unas líneas curvas que mareaban, con tal arte y hechicería, que el mísero Zurita no podía pensar en otra cosa, y estuvo una semana entera apartado de su investigación de la Unidad del Ser en la conciencia, por no creerse digno de que ideas y comuniones tan altas entrasen en su pobre morada.