socialista


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socialista

1. adj./ s. m. y f. POLÍTICA Que es partidario del socialismo.
2. adj. POLÍTICA Del socialismo.

socialista

 
adj. Relativo al socialismo.
adj.-com. polít. Partidario del socialismo.

socialista

(soθja'lista)
abreviación
política capitalista relacionado con el socialismo un partido socialista

socialista


sustantivo
política persona partidaria del socialismo o que forma parte de un partido socialista Los socialistas ganaron algunas bancas en el senado.
Traducciones

socialista

socialist

socialista

socialista

socialista

socialista, socialistický

socialista

socialist, socialistisk

socialista

sosialisti, sosialistinen

socialista

socialiste

socialista

socijalist, socijalistički

socialista

社会主義の, 社会主義者

socialista

사회주의의, 사회주의자

socialista

socialista

socialista

socialist, socialistisk

socialista

ที่เป็นแบบสังคมนิยม, นักสังคมนิยม

socialista

sosyalist

socialista

liên quan đến chủ nghĩa xã hội, người theo chủ nghĩa xã hội

socialista

社會主義

socialista

B. SMFsocialist
Ejemplos ?
Artículo 11°- La República Democrática de Afganistán amplía y fortalece la amistad y la cooperación tradicional y multilateral con la Unión Soviética, la cooperación y los contactos amistosos multilaterales con otros países de la comunidad socialista en base al principio de solidaridad internacionalista.
Los hombres que entonces quisieron iniciar en España el movimiento socialista, que era una política mucho más compleja, mucho más sabia y mucho más real, saben muy bien cómo fue para ellos una muralla granítica el republicanismo restaurador.
Pero casi todos los países de este continente están maduros para una lucha de tipo tal, que para resultar triunfante, no pueda conformarse con menos que la instauración de un gobierno de corte socialista.
El elemento fundamental de esa finalidad estratégica será, entonces la liberación real de los pueblos; liberación que se producirá, a través de la lucha armada, en la mayoría de los casos, y que tendrá, en América, casi indefectiblemente, la propiedad de convertirse en una revolución socialista.
Llegando aquí valdría la pena preguntarse: ¿hasta qué punto el nacionalismo latinoamericano, o aun el anarquismo y el pensamiento socialista –no aludimos a las normativas de la Tercera Internacional-, anulan el legado demoliberal?
El 10 de junio del 2002, el pueblo de Cuba, en un proceso plebiscitario popular sin precedentes, puesto de manifiesto tanto en la Asamblea Extraordinaria de las direcciones nacionales de las organizaciones de masas; como en actos y marchas realizados el día 12 del propio mes de junio a todo lo largo y ancho del país, en los que participaron más de nueve millones de personas y para la firma pública y voluntaria de 8.198 237 electores durante los días 15, 16 y 17 de ese mismo mes ratificaron el contenido socialista de esta Constitución en respuesta a las manifestaciones injerencistas y ofensivas del entonces Presidente de los Estados Unidos de América...
Las aspiraciones materiales del mundo yanqui se han cumplido en buena parte a pesar de la denodada defensa de las unidades antiaéreas vietnamitas, de los más de 1,700 aviones derribados y de la ayuda del campo socialista en material de guerra.
La lucha entre unitarios, que fracasaron por carecer de “criterio socialista”, o sea, por ignorar las realidades del país, y federales, restauradores del viejo orden social, había aniquilado la actividad nacional.
El problema religioso y el de la escuela, el social y el administrativo según hoy se presentan, rebosan por todos lados los entecos principios individualistas. Tampoco el credo socialista es suficiente.
Pero también son culpables los que en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo, así, los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando a una decisión a los imperialistas norteamericanos.
Y son culpables los que mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista.
Sólo en parte, y en parte sólo, habremos de considerar como excepciones el partido socialista y el movimiento sindical; que por esto son las únicas potencias de modernidad que existen hoy en la vida pública española, y con las cuales nosotros nos confundiríamos si no se limitaran, sobre todo el socialismo, a credos dogmáticos con todos los inconvenientes para la libeftad que tiene una religión doctrinal.