Ejemplos ?
Sólo que yo, así..., al vuelo..., una palabra de acá, otra de acullá... sin ganas de enterarme siquiera, suelo estar al corriente de algunas novedades.
Un marinero se acercó a la borda y miró el mar aceitoso. Todos se habían levantado, paseándose, sin ganas ya de hablar. Uno se sentó en un cabo arrollado y se sacó la camiseta para remendarla.
¡Haragán!» gritan los muchachos, picaneando; y da la casualidad que justamente, en este momento, pasan frente a la casa, en cuyo umbral, sentado descansadamente, un gaucho andariego, sin trabajo y sin ganas de hallarlo, está por echarse un trago al buche; y, medio sorprendido, endereza el porrón y mira, frunciendo las cejas, a don Giuseppe, su huésped, que sonriente, y sin dejar la herramienta que está afilando, le dice.
Talmente un botija, el hilito de agua... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... Dá gusto 'e beberla... aunque sea sin ganas... :::Enero 21 de 1934
Y don Anselmo empezó, sin ganas, a desasnar a los tres hijos de don Tomás, paisanitos de fecunda e ingeniosa travesura, y a tratar de hacerles comprender, a razón de tres horas por día y de veinte pesos al mes, y la tumba, las complicadas reglas de la aritmética y las arduas bellezas de la cartilla primera.
Ya ves que ayer fue quincena.- La buena mujer amodorrada, lo oía como sin ganas e intentaba incorporarse con una cara entre escéptica y complaciente.
Ya teníamos de sobra con los domingos. Sin plata, sin tener adonde ir y sin ganas de ir a ninguna parte, ¿para qué queríamos el domingo?
Aquella noche, Antonia se retiró a su cama más tarde que de costumbre, porque fue a buscar a su hijo a la escuela de párvulos, y le compró rosquillas de «jinete», con otras golosinas que el chico deseaba hacía tiempo, y ambos recorrieron las calles, parándose ante los escaparates, sin ganas de comer, sin pensar más que en beber el aire, en sentir la vida y en volver a tomar posesión de ella.
Salido ileso de Caseros, Soria había vuelto a sus pagos de la costa del Gualichú; hecho perdiz, entre los juncales y las cortaderas, había dejado pasar las tormentas de Cepeda y de Pavón, sin ganas de meterse en nuevas trifulcas, y disparando de las comisiones arreadoras de gente para la frontera.
Hay veces que me siento tan cansado, sin ganas de cumplir algún destino, sin querer continuar por el camino la ruta que yo mismo me he trazado.
Y, hablando así, le da un puñetazo en la espalda. - ¡Ji, ji, ji! -ríe, sin ganas, Yona-. ¡Dios les conserve el buen humor, señores!
A pesar de los esfuerzos de Marge y Homer por movilizar un operativo de rescate, la ciudad entera sigue ofendida y sin ganas de ayudar.